22 de febrero de 2017

Luis Carlos Aguirre


Luis: -El poeta es una especie de profeta actual, en realidad los profetas fueron poetas de su tiempo... (Muestra su libreta y también tiene su celular, su libro electrónico; escritor que diseña, edita, crea, actualiza sus sitios web, ponele...y la charla fue luego de nuestros horarios de trabajo ¿obligatorio?)

Clo: -No es ningún bajarse del caballo, en cuanto a trabajar en auto edición, archivos... ¿publicación? Viste que hay escritores que argumentan: ”yo soy escritor, no hago trabajos de informática, ni paginados, ni edito, ni...”

-Luis: -es que no hay que subirse al caballo...-.

ALGUNOS DATOS SOBRE LUIS CARLOS AGUIRRE:
Nació en Posadas, provincia de Misiones en 1956. Transcurrió allí su primera
infancia hasta 1963 en que su familia se establece definitivamente en San Miguel y
al año siguiente en Bella Vista, entonces del partido de General Sarmiento en el
noroeste del Conurbano Bonaerense.
Realizó sus estudios primarios y secundarios en La Plata y diversos
establecimientos de la zona.
Entre 1974 y 1984, junto a Daniel E. Serra, edita la revista alternativa
Antimitomanía. Esta publicación ha marcado una época en su género, organizando
encuentros y recitales literarios que reunieron a escritores y editores de todo el
país y algunos piases vecinos.
En 1978 publicó su cuaderno de poemas APUNTES EN LA TIERRA.
Entre 1989 y 1994 crea y conduce, junto a su amigo Héctor D. Suárez, el programa
radial NOCHENAUTAS, que obtiene dos veces el premio Sin Anestesia. Suma a su
pequeña actividad cultural un dilatado compromiso en la militancia política desde
1982 en la Unión Cívica Radical, partido al que representó como concejal de su
distrito. Desde 2003 dejó la militancia política para abocarse a edición de la
publicación poética PARADECIR y a criar a sus hijos más pequeños.
En 2004 publicó su segundo poemario RONDAR POR LOS ANDENES (O DIARIO
DE UN EXCLUÍDO, en el que expone sus vivencias durante el tiempo en que estuvo
sin trabajo. No logra que este libro se agote.
Participó en la Antología POESÍA Y POETIZAR Vol. 1 editada por Daniel E.
Serra a partir de su participación del ciclo “Ediciones del Último Sábado” en el
programa Rock que me hiciste bien de Miguel Grinberg.

Sitios web del autor:

Libros:
Rondar por andenes
Poesía y poetizar –antología-
Hierros bajo la luna
Poemas sin Dios
Otro cuaderno

 Durante los "años de plomo" recorrían las calles repartiendo sus poemas, sus voces cargadas de una sensibilidad ignorada por los bandos en pugna. Participaron y generaron una "prensa alternativa" con un mensaje diferente al del sistema. Rescatar aquella inspiración y conocer qué hacen ahora sus "sobrevivientes" es la intención de este rincón de la web.

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Se autodefinió en aquellos años: "Pequeña publicación de exploración humana. Arte y demás yerbas. Actitud vital contra la mentira; búsqueda de la verdad, no es un compendio de recetas sobre la verdad.
Mitomanía es la palabra muerta, Antimitomanía es la palabra viva."


Cuando rueda la mirada
por las veredas,
por las venas azuladas,
el tiempo hace una pausa.

Miles de papelitos, botellas vacías,
recuerdos indeseables,
vergüenzas y lunas innombrables
se arremolinan
y arremeten armados de viento
contra el rostro asombrado.

Ya se han cometido
todas las infamias
previstas,
un nuevo códice se está
contruyendo
en la lejana torre
de los poderosos
(que observan, califican
y asimilan, ascépticos,
la muerte que se avecina).
                                 de CUANDO RUEDA LA MIRADA POR LAS VEREDAS (inédito)


En honor de tantos sueños que no tienen otro escape que la pa­labra y en honor a la palabra, ese don del animal humano, no quiero dejar en el olvido toda esa energía, de cuyo valor li­terario no estoy en condiciones de opinar.
Luis C. Aguirre -Fragmento de la intro de su obra:  H I E R R O S  B A J O   L A   L U N A 


DOMESTICAR

El viento
esconde los miedos.
Ráfagas que giran
en las esquinas
de la vergüenza.

Aires de luna
sin noche de sueños.

Vuelos del alma
desangrada
en los altares
de la cordura.*
(7 XI 90)

Vasija de barro
que cae
        cae
             cae
                  cae
y se destroza entre
las baldosas indiferentes.

No hay inviernos
que puedan contener
éste frío.*

(25 IX 90)
_________De su obra H I E R R O S  B A J O   L A   L U N A 



DANZA

Suena la danza de los desesperados
en las esquinas,
en los baldíos,
en los prostíbulos,
en las catedrales,
en las pensiones,
bajo los puentes,
bajo la luna,
bajo los tejados,
bajo la lluvia.
Te invito a bailar conmigo
entre el barro,
entre la vergüenza,
entre las ruinas,
entre las penurias,
llenos de lágrimas,
llenos de pecados,
llenos de angustia.
Suena la danza de los desesperados
esta madrugada
y todas las madrugadas
hasta que el silencio nos cubra
de tierra y de olvido.
Te invito a bailar.
                    10 XI 96 de Otro cuaderno


PREGUNTAS

Sin la profundidad
de los pozos ciegos
¿quién esperaría
la tarde
frente al mar?
Sin la voracidad
de la muerte
¿quién crearía
altares de eternidad
en las noches de amor?
                   De Poemas sin Dios pág.6


BABEL

Nuevas Babel
se elevan cada día
en las vanidosas
cavernas
del corazón.
Ese extraño animal
que llora
eleva torres
cada día,
que cada día
quedan truncas
pues su lengua
se enreda en mil vanidades
y sus ojos se pierden
en los infinitos rumbos
de la arena.*
                     De Poemas sin Dios pág.17


VOLVER LA MIRADA

Las horas
en el cemento
amado
del lugar elegido.
Un lugar
húmedo de amores
habita los latidos,
golpeando
los tambores del alma.
Volver la mirada
al asfalto escarchado
de amaneceres
mediocres
como los que
vuelven la mirada.*
                  De Poemas sin Dios pág.32


DERECHOS HUMANOS

a Graciela Santaliestra
Tener derecho a los errores
a las revanchas
a los egoísmos.
Poder juntar en un cofre
los ideales
las fantasías
los sueños
más sublimes.
Presentarles los rencores
las ambiciones
las lujurias
inimaginables.
Luego, como un cocinero,
sazonarlos de misterios,
de medias palabras,
de rumores
y presentarlos
sobre los blancos manteles
como una expresión
genuina
de humanidad.
                        29 III 97 de Otro cuaderno


OTOÑO DE RODRÍGUEZ

Es verdad, Rodríguez,
"nos hace falta un buen otoño".
Cuando acabe este verano
las luces comenzarán
a acortarse,
las horas,
los segundos,
todo
comenzará a ser más breve.
Es cierto, Rodríguez,
nos hace falta un buen otoño.
Para terminar de blanquear la cabeza,
de marchitar la piel,
de "dosificar los placeres".
Nos queda menos tiempo, Rodríguez,
"después de un verano tan largo".
Habrá que dibujar las sonrisas pendientes,
que colgar los dolores debidos,
que recitar los poemas guardados.
Queda menos tiempo y mucho por abrazar,
Rodríguez.

                        16 III 97 de Otro Cuaderno


Una mujer de amaneceres ( tomado de f.b. del autor)
se extiende entre las horas
y sostiene el día.

Una mujer de atardeceres
alimenta las horas
de anhelos y olores
y resuelve la noche.

Una mujer de estrellas
arma de eternidades
los sueños.

Siempre una mujer.


UNA VOZ

Una vos desliza susurros
en los oídos interiores.
Una voz que puede indicar
rumbos en la bruma,
Una voz que puede lloverse
en los incendios.

Siempre hay una voz
en los silencios profundos
cuando, parados
entre las estrellas y el viento
se duda entre el este y el oeste.

Una voz se estaciona
en la frente
y tararea la melodía
de la marcha
y el ronroneo del pedregullo
del camino.
            De Rondar por los andenes -2004



INFORME SOBRE ROMERO

Cuenta Molina:

“Ah, mire profesor Molina, yo no vengo acá a clase para salir dotorcito, evangelista o maricón.  Vengo acá pa’ no volverme loco pensando y con las cositas suyas, las rayitas y los números de la profesora Rúccoli, salgo un poco de los recuerdos.  Calcule que tengo tiempo pa’estar recordando, siempre lo mismo, desde el principio.”

El interno, hombre de unos cincuenta años, venía a las clases que se dictaban en el penal con su cuadernito, un lápiz negro y su goma.  Se sentaba por el medio del aula.  Parece que tenía algunos problemas de miopía por sus esfuerzos en mirar al frente pero no se atrevía a ubicarse más adelante.  Podría ser pudor o no sé qué, pero prefería mirar de reojo a su compañero de asiento para acertar a copiar.  Le costaba escribir, lo hacía con una letra infantil, anclada en sus años de escuela primaria, como si recién hubiera salido de ella.

“Yo no hice nada que no se hiciera. Que hizo mi padre, hicieron mis primos y vecinos.  Que se debe hacer entoavía en la provincia, profesor.  Tendría unos treinta y tantos años cuando fui a lo de la Chicha Leiva, al fondo del barrio El Latón, cerca de Merlo.  Unos barriales para llegar.  Yo sabía que la Chicha tenía varias hijas.  Como ella supo ser linda moza allá en la provincia, yo le conocía, era de un pueblo cerca de Casapava, las hijas debieran ser, y son profesor, lindazas y sanitas.  Yo fui a verla nomás, me costó llegar, pero fui.”

En aquel tiempo el servicio penitenciario de la provincia era mucho más amplio y creativo que lo que vino luego de Onganía.  Había algunos tipos jodidos, formados en los ’40 y ’50, pero estaban aplacados, su dureza estaba orientada hacia determinados internos como los de “delitos políticos” y los violadores.  A los demás no los molestaban mucho e, incluso, a algunos los respetaban, sea por su poder económico (fuera de los penales) o por su bravura, en los casos de los “pesados”.  Mi retiro de la política, antes de ir a Heredia, me había llevado a dar clases de historia o de literatura.  Como no había muchas vacantes, acepté ese puesto para dar clases a los internos del penal.  Allí traté a Romero.

“Verá, profesor Molina... ya sé que no quiere que le diga “profesor”, pero pa’me sale así, sin pensar.  Verá, le decía, ya había pasado los treinta y andaba porái penando  y solo.  Había podido comprar un terrenito con una casilla, con bomba y todo, por Moreno era.  Sí, por Moreno, verá.  Ya podía dejar la pensión.  Pero no iba a vivir en un ranchito solo.  Se me iban a réir o iban a crer que’ra maricón.  ¿Me’ntiende profesor, digo... don Molina?
Un  rancho sin mujer es como una campana sin badajo, no sirve, no tiene sentido ni atrativo.”
En clase era atento, preguntaba poco, se ve que le tenía miedo pánico al ridículo.  Me encaraba afuera, en el pasillo o en el patio que había para los alumnos, porque eran internos de buena conducta y no había problemas con ellos.
Solía hacerme preguntas inteligentes.  Aunque él no lo sabía, era de los mejores alumnos que había.  Es una pena.  Ese hombre, Romero, con mejor formación en el tiempo adecuado de su vida, hubiese terminado siendo útil a la sociedad y a sí mismo.
“Fui a lo de la Chicha.  Tomé unos mates en el patio y finalmente le dije nomás, como se hacía en la provincia y por acá en los barrios se debe seguir haciendo, don Molina.  Le dije, pues, le dije: ‘fijate Chicha si no tenés alguna de tus guaynas como para mí, de unos veintipico, que sea sanita y hacendosa.  Ya tengo el rancho y estoy solo nomás...’   ‘Uhhh... ‘ me dijo, ‘sos pretincioso como todos, Romero.  D’esa edá ya las tengo todas juntadas o me trabajan para mí... no, nu'hay.  La que mestá creciendo rápido y ya tiene tetitas y todo,  es la Zully que ya pasó los trece el mes pasáu... Podría ser la Zully si querés, Romero.  Perá que te l’hago llamar y la ves.  Si te pá es pa vos nomás, con algún regalito para la suegra, nada más.’ “
No tenía grandes problemas en el aprendizaje.  Es notorio que su lenguaje escrito, aunque sencillo y con letra dificultosa, era correcto y sin barbarismos.  El oral, en cambio, seguía sin variaciones desde el primer día.  Tal vez no quería demostrar su crecimiento cultural.  Supongo que para él y el medio en que desarrolló su vida, el hombre culto tenía que ser o superior por poder y riquezas o ridículo o afeminado.  No entiendo de otra forma esta dualidad.
“Ahí me trajo a la Zully.  Era guaynita nomás, con cara pícara, flaquita pero linda.  La miré un rato y le prigunté por qué se llamaba Zully.  Me dijo que’ra cosa de su mama.  La Chicha me dijo que por los ojos negros como de Zully Moreno la había llamado así.  Me gustó la Zully.  A los tres días le llevé un calentador Bram Metal a la Chicha y me traje a la Zully pal rancho.  No quería dirse, no.  Lloraba y se agarraba a un arbolito mientras las demás guaynas miraban  duritas por la ventana de la casilla.  Pero se vino conmigo nomás y así empecé a ser un hombre con mujer.  La verdá se mescapó dos o tres vece.  La’iba a encontrar de nuevo en lo de la Chicha que ya la amansaba un poco a cintarazos.  Yo no le pegaba mucho, algunas veces, pa’que me riespete y lave la ropa, nada más.  Cuando sembarazó la primera vez ya no se escapó más.”
Esos años sesenta, tan raros.   Parecía que todo iba a ser mejor y empeoraba cada vez más.  Me sumergí en estos pueblos para no ver lo que venía, porque un sentido no definido (una especie de sexto sentido) me hacían prever tiempos terribles y creí que el interior era más sano, menos peligros.  El tiempo me diría que no, que me equivocaba.  Sin embargo me refiero a la década del 60 y acá nomás a menos de cincuenta kilómetros de una ciudad como Buenos Aires, un hombre se podía apropiar de una niña, apenas adolescente como quien obtiene un animalito doméstico.  Desconozco si proceden estas consideraciones en este informe.
“Seis hijos tuvimos.  Se fue amansando y me acetaba.  Ya el Roberto, el más grande, tenía unos catorce cuando me malicié alguna cosa.  Me había dicho la de la esquina que a cierta hora la Zully desaparecía.  Pero a esa mucho no le créi porque es medio bruja y malantraña.  Per’una vez el Roberto volvió antes de la escuela y no estaba su mama y me contó como con miedo.  Es claro, el muchacho pensaba que yo la’iba pegar.  Y lo pensé, don Molina, lejuro que lo pensé.  Pero uno se hace grande y se vuelve más mañoso y calculador.  Fue así que pensé en dejarla hacer pa ver endonde acababa la cosa.  Y acabó mal, nomás don Molina, mal, qué quiere quelediga.”
Fue aprobando sus materias con más facilidad que la que él mismo esperaba.  Era estremecedor ver en un hombre ya maduro, cómo iba descubriendo en el conocimiento formal las cosas que intuiría con su experiencia.  Su rostro se iluminaba cada vez que descubría la relación entre algún tema de clase y la vida cotidiana.
Con el tiempo comenzó a recibir visitas.  Él mismo estaba sorperndido porque no las esperaba.  Su hijo mayor y su hija más pequeña comenzaron a visitarlo con cierta regularidad.
“Pedí unos días en la fábrica por vacaciones, don Molina.  Como n’el verano necesitaban gente les venía bien que yo me fuera n’el invierno.  Pero no dije nada a nadies.  A nadies vea.  Fui hablando con’uno y con’otro y yendo pa’ca y pa’llá.  Y dí con lo que’staba pasando.  Seme había metido con un muchacho. Le veía en lo de él.  Le ví ir, le ví entrar, le ví salir.”
Las visitas a Romero lo cambiaron.  Se volvió menos retraído, participaba de las clases con menos pudor.  Y me hablaba.  Comenzó a contarme sus cosas personales.  Jamás le pregunté nada pero él empezó a contarme.  Es por eso que puedo saber tantas cosas de él y espero que sean útiles para este informe.  Al contarme sus cosas fui dando cuenta que tenía otros códigos, diferentes a los de la sociedad.  No digo que no conociera o rechazara las normas de la civilización, creo que los comprendía claramente.  Sencillamente entendía su situación como una fatalidad.  Resignadamente aceptaba su destino.
A pesar de la mejora en su carácter, con el transcurso de los meses, comencé a notarlo desemejorado, más delgado, débil.
“Le esperé en la casilla.  Volvió antes que los gurises llegaran de la escuela.  Al verme no habló, no me saludó, me miró y bajó la vista.  Sabía que yo sabía y creo que sabía más que eso, don Molina.  Le miré largo, como para acordármela siempre.  Mucho le miré.  No te vuá pegar, le dije.  No te vuá echar, le dije.  No te vuá perdonar, le dije.  No te vuá olvidar, le dije.   Te vuá matar, ahora, le dije.  No me miró, no me contestó.  No habló. No se quejó, no se quiso escapar.  No volví a verle losojo negros porque los cerró.  Los cerró para siempre.  Y le maté, Molina.  Como se mata un cabrito.  Una sola cuchillada. Una. La cuchillada que dí en mi vida.  La cuchillada que’s mi vida, don Molina.”
Sus relatos habían sido estremecedores.  Yo no era como Echarte que había lidiado con toda clase de gente y contaba los casos judiciales como quien habla de cualquier cosa.  A mí me emocionó su relato.   Tengo grabada en la memoria, palabra por palabra, su historia.  De esa puñalada definitiva, la que lo convirtió en asesino...  Como un personaje de Shakespeare, llevado a la tragedia por el destino. 
Por eso su muerte extraña me dejó muy impresionado.  Me cuesta creer lo del forense.  Él dice que Romero no estaba enfermo de nada.  Que él cree que lo envenenaron.  ¿Quién en el penal podía querer hacerlo?  Si estaba tan bien con las visitas de sus hijos.  Que siempre le traían tortas o emapanadas.  ¿Quién podría haber querido envenenarlo?  El forense al escuchar mis relatos de lo que sabía de Romero se sonrió.  “Si serás ingenuo, Molina” me dijo.  “Lo mataron los hijos, no te das cuenta.  ¿No ves que empezaron a visitarlo de repente? ¿Qué demostración de cariño le habían hecho antes?  Vinieron a vengar a su madre, Molina.”
Igual el informe del forense fue “infarto”.  De manera que no entiendo para qué quieren este informe ahora.  En fin, lo corregiré para sacarle las opiniones y cosas secundarias y pasarlo en limpio.

Cnel.  Matienzo, diciembre de 1974.