25 de marzo de 2017

Mariarrosa Sánchez López



 Mariarrosa  Sánchez López:
Nació en Montevideo, R.O. del Uruguay el 06/02/1945. Apenas adolescente  se radicó en Buenos Aires,   hace casi 50 años dedicándose de lleno a su casa, su profesión  y su familia, pero sin dejar esa vocación suya de escribir, que venía arrastrando desde los 14 años y que jamás abandonó. Un día un amigo suyo con el que tenía un programa en una FM local y que conocía su pasión por la escritura le dijo: ¡qué egoísmo mujer, amontonar carillas, hasta que queden amarillentas y privar a los demás de deleitarse con ellas! (Gracias Luis Alberto Cancelo) Esas palabras le dieron el coraje necesario y se presentó con sus trabajos en una revista zonal. Allí  fueron publicados sus primeros cuentos y poemas. Con el tiempo llegó su primera antología, luego una segunda, y poco a poco fue atreviéndose a mas,  Concursos, Intervenciones en Centros Culturales y todos aquellas lugares, donde su poesía o su prosa, pudiera ser escuchada.
Estuvo también unos años radicada en la Pcia de  San Luis, donde fue miembro de Centro Puntano de Letras. En esa  Ciudad, se atrevió a escribir su primer obra de teatro, de la que también fue intérprete.  A su vez,  y en   colaboración con un joven puntano, realizaron  el guion de un corto   cinematográfico .  Y aceptando un desafío, audazmente, se atrevieron a interpretarlo, con un grupo de compañeros. Asimismo en la Ciudad de La Punta, también de la Pcia. de San Luis, conducía un espacio radial perteneciente al Programa PRIMEROS AÑOS, en la F.M  local.-

Premios obtenidos
1998  Mención de honor, en el Décimo Primer Certamen  Internacional de Poesía  y Narrativa, Ediciones Nubla
2000  Mención de Honor  En el 5to Concurso  de Poesía y Cuentos  del Río de la Plata.
2007  Ganadora en el rubro Teatro en el  Festival del Río San Luis con su obra Y El Titiritero Movió Sus Hilos.-
2007  Certificado Meritorio  del  Centro Cultural Puente Blanco, en la Pcia. De San Luis,  por su cortometraje ESPERANZA.-
2010  Certificado meritorio por la colaboración en el Centro Puntano de Letras.
2014  1er Premio    en el Primer Concurso Internacional  “Cartas de Amor”
2015  Creadora del Grupo Teatral  NOSOTROS, integrado por Adultos Mayores
2016  2da, Mención Especial por su obra “Destinos Truncos”  Premios GUKA de Microrrelatos 2016. De la Biblioteca Nacional
Actualmente es integrante del Grupo Literario ENTRELINEAS y del Taller Literario de la Biblioteca Mariano Moreno y colaboradora On Line del Centro Puntano de Letras.
Vive en La Ciudad de Don Torcuato – Ptdo de Tigre – Pcia. De Bs. As.



DE MONEDAS Y TAMBORES

   La mujer, pequeña y delgada, de cabellos blancos, recogidos en la nuca con una hebilla de carey, caminaba sin prisa por la adoquinada y angosta calleja de la Ciudad Vieja, cuando de pronto, la voz de un muchacho la sobresaltó. “Un vintén p`al Judas doña”.  Giró la cabeza y observó a los dos muchachitos sentados en la vereda. Junto a ellos, acostado, un extrañó monigote, vestido con ropas viejas y un gran sombrero, parecía observarla desde sus pequeños ojos   de botón de chaleco.  ¡Pero…balbuceó la mujer, entre asombrada y risueña!  ¿De dónde creen que voy yo a sacar un vintén?  ¡No doña, una monedita le dije!  repuso algo asombrado el chiquilín.  Ella cayó en la cuenta de lo sucedido, su mente se había disparado sesenta años atrás, cuando en las esquinas de los diferentes barrios, grupos de muchachitos, con un muñeco similar a ese, repetían una y otra vez el famoso estribillo.  ¡Un vintén pal Judas, un vintén pal Judas! Era algo que sucedía cuando se acercaban las fiestas navideñas. De esa manera los chicos reunían algo de dinero. Con él, compraban cohetes, con los que rellenaban luego aquel Judas improvisado.  Al llegar la noche del 24 de diciembre lo colgaban, tal como se hace con los ahorcados prendiéndole luego fuego hasta reducirlo a cenizas. Esa era la forma de castigarlo por haber traicionado a Jesús. Claro que los chiquillos, ni siquiera entendían porque se realizaba aquella práctica, y en su inocencia disfrutaban y reían ante las explosiones. La anciana no podía creer que aquella antigua costumbre montevideana, continuara aún.  Volvió a situarse en tiempo y forma, abrió su bolso y entregó al botija la moneda, que desde luego no era un “vintén” ya que aquella había caído en desuso, hacia ya muchísimo tiempo. Entendió que su mente, la había llevado a escuchar, lo que ella hubiera querido escuchar.
   Mientras continuaba caminando, entrecerró los ojos y por un momento vislumbró la pequeñísima esfera plateada, que tantas veces pagara las golosinas de su infancia. El “vintén”, así llamado popularmente, era una simple moneda de 2 centésimos. Sonrió con complacencia ante aquel recuerdo.  Apuró el paso, quería llegar pronto al pequeño hotel, donde se había alojado por unos días, con la intención de recorrer palmo a palmo los lugares de su infancia. Su prisa la llevó a chocar con una muchacha de grandes ojo color café, piel morena y cabello rizado.  Era una bellísima mulata, de las que aún habitaban en su tierra. Imaginó que tal vez fuera descendiente de alguno de aquellos morenos, que años atrás habitaban los conventillos del Palermo Montevideano. Los conventillos de Palermo, en la ciudad de Montevideo Ese lugar casi mágico donde con un entusiasmo increíble hombres y mujeres de color, preparaban sus “fiestas carnavaleras”, donde sonaban con fuerza los tamboriles;   el chiquilín, el mediano, el mayor, .según fuera su volumen o sonido.  Meses y meses de ensayo. Y por fin en una ardiente noche de Febrero, aquellas comparsas de “Lubolos” (tal su nombre) llenarían la montevideana avenida 18 de Julio, con sus cantos, sus danzas y sus trajes multicolores, contagiando al pueblo con su mágica alegría y asombrándolo con la belleza de aquellas “Diosas de Bronce” ¡Pero, acaso aquella mágica alegría   fuera tan solo un disfraz del alma, con el que ocultaban el dolor de sus ancestros esclavos!
   ¡Cuántas historias, casi olvidadas algunas, bajo ese mundo nuevo, de progreso y rascacielos!
   Pensó que al día siguiente saldría a abrevar la verdadera y auténtica historia de su pueblo
   Recorrería lentamente la antigua rambla, bajaría descalza a la playa, sintiendo en sus plantas la tibieza de las arenas doradas, permitiría que la espuma de aquel “río como mar”, mojara sus pies y salpicara su falda.  De sus palmas abiertas, se deslizaría tímida la pequeña esfera plateada y sus antiguas caderas, ondularían candombeantes, al ritmo furioso de los últimos tamboriles, que batirían sus parches, bajo un cielo iluminado por el fuego de miles y miles de Judas, ardiendo al unísono.



EL OTRO YO

   La imagen que me devolvía el espejo, era bastante aceptable. A pesar de mis 78 años,  no me veía tan mal.  No estaba excedida de peso, tenía una altura mediana, y en mi cara no se veían esas  odiosas arrugas.  que preocupaban tanto a las  mujeres de mi edad.
  Me abroche la blusa un botón más arriba, no quería verme muy provocativa.  Miré los pantalones, tampoco eran demasiado ajustados. Si. Decididamente era una señora  bastante elegante.  ¡Me gustaba contemplarme en el espejo!  Yo sé que hay quienes no quieren hacerlo. ¡Que tontería!  ¡Se ve una, tan hermosa!  ¡Me  miraba!  ¡Me reía!   Y él, me devolvía la risa.  Era mi amigo, mi único amigo. Le preguntaba; como aquella madrastra del cuento   ¿Espejo, espejito, quien es la más hermosa?   ¡Claro que él no me contestaba!  Pero yo sabía lo que pensaba y como lo sabía,  paseaba  delante de él, una y otra y otra vez,  contoneando las  caderas y soltando mi melena rubia, como si me exhibiera frente  a un amante. ¡Y me sentía feliz, feliz, feliz!!!!!!!!!!!!!!
  La puerta  se abrió de golpe. La mujer alta, corpulenta y con cara de enojo, entró apurada en el recinto ¡Abuela Josefa otra vez desnuda, frente a la ventana! voy a tener que cambiarte de habitación. La tomó con fuerza del brazo empujándola hacia afuera. La anciana no opuso resistencia, se humedecieron sus pequeños ojos y silenció su voz. Luego, giró la cabeza y echó una mirada atrás.  En el piso,  un  gastado camisón de franela, yacía como  mudo testigo de una risa cantarina y de un llanto silenciosamente manso, de quien había desnudado su alma, de absoluta transparencia, frente a un límpido cristal.



DESTINOS TRUNCOS

   Oigo un golpe leve en el balcón y rasguidos alternos. Salgo.  Veo una paloma sangrante.  En agonía. En una de sus patas soporta un mensaje.
   La tomo con suavidad, recostándola en mi pecho. ¡Pobrecilla, tú también estás herida de muerte! Es posible que mi calor no te baste, te acercaré al fuego.
Me arrodillé sobre la alfombra, depositándola con ternura sobre un almohadón. Vano intento. Su final había llegado. ¡Lo siento pequeña ya nada puede hacerse, ¡las cosas son así! ¿Pero qué estoy diciendo? Esas fueron las palabras que pronunció Carlos cuando decidió poner fin a cinco maravillosos años de amor. Suspiro profundamente. Tomo nuevamente la paloma entre mis manos. ¿Qué voy a hacer ahora? Mañana a la mañana la enterraré en el jardín.
   Busqué una coqueta caja que en su momento contuvo bombones,  aquellos que Carlos solía traerme. En mi mente se agolpaban los recuerdos,  bombones, flores, los pequeños mensajes manuscritos sobre la bandeja del desayuno. ¡Un romántico sin duda y me amaba con tal intensidad! ¿Qué fue lo que lo alejó?  Me conecto nuevamente a mi sistema., Miro  mis manos, había olvidado que llevaba en ellas a mi pequeña visitante, aún tibia. Y con ella ¿qué  había sucedido? La piedra que hallé a su lado, denotaba la nefasta travesura infantil que había tronchado su destino. Su misión, igual que mi romance, se había truncado.
   Deposité en la caja su cuerpecito frágil, quité el mensaje de su pata y leí en una inconfundible cursiva masculina “Mi corazón agoniza sin ti ¿Podrías perdonarme?
Un extraño temblor, me sacudió entera y un casi imperceptible sonido me estremeció. No pude definirlo. ¿Un tímido aleteo? ¿Un breve latido? ¿O sólo el fruto de mi alterada imaginación?
 



LA NEBLINA

A través de la neblina, tu figura gris de sueños
Se desdibuja, como si cada paso con el que pretendes avanzar
Marcara el inevitable retroceso hacia ese espacio incierto
Donde anhelos y esperanzas, fueran solo palabras inventadas
Y descartadas, por un antiguo fabricante de ilusiones
Tu figura luminosa, desafiante
Yace ahora, desvencijada, herrumbrada, famélica
Apoyada en las sombras del desconcierto.
Intenté desempolvar tu antigua risa
Y entreví en cambio. Filosos  incisivos
Preparados para la dentellada final
Se había extinguido la flama,
Aquella  boca derramante de ambrosías
Era  una extraña  mueca sombría,  patética
¿No logro vislumbrarte a través de la neblina?
¡Perecerás entonces  en ese espacio gris!
Allí donde habitaran  todos mis fantasmas.
Voy a quedarme aquí, bebiéndome
Un  pequeño sorbo de sol tibio.
Alimentando  mi último rapto de lucidez






Con las otras dos integrantes del Grupo Entrelineas (la cuarta nos guía desde una nubecita blanca) ellas son María Cristina Bisso y Azucena Sosa. Y el galán del grupo, nuestro amigo Walter Martín, escritor, periodista, bibliotecario y prologuista de Nuestra Próxima Antología