23 de mayo de 2017

Susana Badano

Susana Badano
Docente de Lengua Inglesa. Psicóloga social, Guionista y realizadora cinematográfica. Coordinadora general en Talleres de Cine. Coordinadora grupal en talleres sobre violencia de género. Asistente de dirección y producción cinematográfica del circuito de Cine Independiente de Argentina. Actualmente reside en Ituzaingó, provincia de Buenos Aires y desde allí desarrolla su tarea de autora, trabajando en el cuarto libro de su Tetralogía "Del fruto del Árbol de la Memoria y el Silencio" cuyos tres títulos anteriores ya han sido publicados. Ellos son "La Memoria del Silencio" (2015), "La memoria en la urdimbre" (2016) y "La memoria de los sueños en fuga hacia la vigilia" (2017). Sus relatos y poemas , en castellano e inglés, han sido publicados en Antologías y medios de difusión cultural así como también distinguidos con Menciones de Honor en diversos ámbitos y concursos literarios.



 Tocar un sueño
sobreviviente de toda calamidad
que habitó en alguna nada
alimentado a lágrimas
demorado por banalidades de otros
mecido por cadencia de otros
en tiempo y lugar de otros...
tocar un sueño con la mirada...
con los oídos...
verlo cruzar el umbral
y asirlo,
majestuoso...
alquimia que beberán
otros sueños
y la vida misma
y el deseo de soñar...
tocar un sueño
que ha viajado
por los desamparados
senderos de la infancia
entre la pureza de la inocencia
y el casi holocausto
de la memoria...
tocar un sueño en fuga
hacia la vigilia
y alcanzar la diáspora…

Tocar un sueño
pág.20 de La memoria de los sueños en fuga hacia la vigilia



La nada te arropa en tu ermita, la noche es larga…y muy
fría… un trago de olvido, un humo de paz, no sentir…
La noche es larga, la estrella está alineada, la antorcha
encendida y desgarrada… la noche es larga…
Y ya exhaló su veneno y tu cuerpo ya está ardiendo…y
demora…demora… demora ante la vista de los ciegos por
instantes, para un remordimiento…
Ya tu muerte tiene voz y vida…ya gritas calcinado…tu
segunda desaparición ha nacido…
Y tu luz da el último alarido…ahora ya carne
polvorienta… ahora por fin las sombras heredadas…ahora
con alas porque nada estaba oculto…
Ser miedo, ser asco, ser invisible…y cómo fue ser sin
ser…y estar sin estar…cómo fue… ser nada antes de la
nada…cómo fue…cómo fue ser antorcha, ser cenizas…en
esta oscuridad que crece, en este crepúsculo de hordas
asesinas…cómo fue hacerte luz y que te nombren…cómo
fue ser grito que abandona los silencios en la noche de la
luna negra… Cómo fue…cómo… tanto dolor… en la vida
y en la muerte… cómo fue?
Amén.

  La antorcha 
pág.21 de La memoria de los sueños en fuga hacia la vigilia




Inaudible tu presencia me convoca,
mulata tu madre te heredó los cuentos
y con su nombre de flor
hija de ángeles te bautizó y de la Santa de tu devoción.
Camino mío hacia la infancia de almohadas de lavanda
y la voz tuya recuperada en sueños
que acunan con algodón de azúcar y caramelo
en lluviosas tardes de otoño en ámbar.
Hila hebras de recuerdos tibios
en las galerías de los tiempos
donde los jinetes guerreros duermen, expectantes
e invocados de tu relato, despertarán.
Préstame azahares en tiara de los cofres
de tus princesas coronadas, danzarinas incesantes
de los jardines donde crece la memoria y su árbol
cultivado para mí y los otros desde entonces.
Teje tus sonrisas proféticas sembrando enigmas
de atardeceres rojizos de mil soles
y querubes cantores con rizos de alabastro y miel
y alas de seda y terciopelo.
Enjuga los llantos,
se han corporizado ante tu nombre
el porvenir destinado, la dignidad intacta
y aunque me fui de la infancia
dejaste las llaves y las piezas
y los espejos vacios y los mapas
y la canción del secreto…
Descuida, aquí me quedo…
El puente me espera,
tu mano pequeña de ida y regreso me lleva.

Mamama Angélica
pág. 30 de La memoria en la urdimbre



Vine a despedirme, igual no le digas a nadie que me viste. Anoche fue la kermés en el Club para juntar plata para poder llevar el equipo a competir a la Capital... ya sé que vos ahora tenés que estar con tu mujer, por lo del bebé, digo, que linda que está che. La vi en la plaza el otro día, no le digas a ella que me viste. 
Bueno… anoche me acosté tardísimo… ya era de día. Al rato nomás me golpean la puerta y me llaman y llaman y timbre. Yo ni iba a atender pero el tipo dice que es el Comisario. Dormido casi pensé… ¿qué habrá pasado? abro y en voz baja me pide que lo acompañe, que le tengo que hacer la gauchada, que no le puedo fallar, que alguien se perdió en el río, que yo conozco mejor que nadie las corrientes y el Canal Grande, ni bueno pude contestar, tenía los cortitos puestos y ahí fuimos en su moto porque el patrullero no andaba, como siempre.  Llegamos y había un camión de los milicos. Temblé y él me dice que qué me pasa, que yo soy el mejor nadador del pueblo, que no lo haga quedar mal con el Comandante. Me dice que buscan a una mujer y a su hijo chiquito, que me apure, que no tiene todo el día. Me tiro para terminar rápido  y era a la altura de la Quinta Remanso, viste, tiene entrada por la ruta pero al fondo está el río, estaba alto, revuelto, nado, nado, le doy, le doy, salgo, me meto, buceo y  nada. Me salgo a descansar un rato, ya no me veían porque había pasado El Codo del Diablo. Respiro, me aflojo porque estoy asustado, con miedo y ahí de repente algo se me viene por abajo y me golpea la pierna, un tronco o un sábalo ,creí o qué sé yo…un… un brazo… casi desprendido de un cuerpo, un tipo joven, de nuestra edad, lleno de agujeros en el cuerpo, tiros… me meto, nado, nado, más allá, cien metros, otro, igual… sigo…nado… hay mucho sauce ahí, sabés, una mujer, joven, como nosotros, con un nenito chiquito ,chiquito, enredados en las raíces, llenos de tiros… hermosa ella como una virgen con su niño, lo tiene apretado, fuerte, abrazaditos… salgo y miro… es el fondo de la quinta, hay más… ahí… así... igual… lloro, vomito… pienso… rápido… rápido… pienso, me meto al agua, flota un zapatito de niño… nado, nado, nado. El Codo del Diablo, nado… nado… nado… me falta el aire, el asma, viste, voy llegando… me grita ‘¿y pibe?’… calambre… calambre, me ayudan a salir, ‘no, no encontré a nadie Comisario, nada, solo esto, un zapatito, está muy revuelto, quién sabe de dónde viene. Pida buzos Comisario, este río no es para cualquiera… me atacó el asma, mejor me voy si ya no me necesita… disculpe que más no pude hacer…no se enoje…’
Corrí a la ruta, me levantó un camión, bajé, rápido, llegué a casa, bolsito, lo puesto, me voy hermano, es malo lo que ví, ajusticiados, milicos, policía, yo sólo soy el campeón de natación del pueblo, no digas a nadie que me viste, cuidate, cuidá a tu mujer y a tu hijito, chau hermano, tengo mucho  miedo, no llores…

El  nadador 
pág.13 de La memoria en la urdimbre



Volvían. Se habían alejado del río y perder el rumbo allí podía resultar fatal. País de selva lujuriosa y tibias aguas cuyos espíritus ancestrales lo vigilaban todo, según decía el nativo que los guiaba. Traidor de su sangre, pensó el joven Teniente Coronel, o cobarde que quiere salvar su pellejo, sin importar cuántos caigan.
Le informó que el caserío estaba cerca, entonces había ordenado al grupo que se apeara. Sigilosamente, como esos gatos del monte que merodean sin ser jamás descubiertos, ellos observaban las chozas, que no era más que eso, en un claro. Había amanecido y quizás todos dormían. Era raro que ni los perros ladraran, a ellos no se les escapa la más mínima pisada.
Sus hombres están cansados, hambrientos, sedientos y van a arrasarlo todo. Tienen que saciar ese cuerpo dolorido por el interminable maltrato que causan invasiones y batallas al territorio en disputa.
El Gran Mariscal está acorralado en su huida. Otro cobarde, pensó, pero ya se le termina. Sintió ganas de sentarse bajo el guayabo perfumado y dormitó un momento.
Su hermano de leche, el General Presidente, lo considera a él héroe de esta guerra, tan sucia y cruel, como tantas otras. Ha sentido alguna vez la necesidad de estar lejos, en otro lugar, ser otro, empezar de nuevo, desertar quizá. Pero el mandato es muy fuerte y el pensamiento se desvanece para que sus deseos no crezcan.
Su Lugarteniente le informa que nadie hay allí, mucho menos comida o animales. Algunos irán hasta la ribera a pescar.
Se incorpora, alisa su uniforme y camina el lugar con precaución. Es primavera y todo huele bien, como si la sangre no estuviera siendo derramada.
Entre las matas la pequeña come una flor como si fueran dulces. A su lado una joven muerta, quizá su madre. Al verlo, la niña, murmura algo y levanta su regordeta manito. No le teme. Le sonríe. El joven militar no entiende lo que dice, esa gente no habla su lengua. Ojos grandes y pardos, cabellos con cortos rizos, dientes muy blancos, apenas camina, si parece un ángel de un cuadro -piensa el Teniente Coronel-; se le aparece el recuerdo de su amada esposa, muerta de parto por su hija muerta. Cuánto lloró por ellas.
Llama a uno de sus hombres y ordena que lleven la niña a resguardo y no la pierdan de vista. La llevarán con ellos.
Ya de vuelta en la casona familiar, las hermanas mayores del ahora Coronel, le agradecen la criada, siempre es necesaria una más. Llaman Margarita a la niña, como las flores que comía, allá, sentada frente a la muerte.

La criada  
pág.11 de  La memoria del silencio



 El pueblo no tiene nada del Santo Patrono, ni tendrá. Aquí el mar vomitó muerte para dar vida a la justicia
El mar... ese penitente, tratando siempre de limpiarlo todo.
Respiro su vitalidad mientras subo la calle tratando de encontrar un recuerdo, un árbol, un rostro, un rincón que me lleve en el tiempo.
El parque de diversiones sigue, absurdamente, en una esquina de la Avenida principal y frente a él la tienda, donde nada parece ser nuevo pero sí lo es.
El acontecer cotidiano siempre fue lento e inexplicablemente tardío, como si los relojes tuvieran un propósito diferente. Hoy mi memoria está más caprichosa que nunca. Se niega a recordar que algunas cosas de esos tiempos, fueron buenas, de hecho por eso estoy aquí. Me detengo en la vidriera, la mayoría de los libros son usados o ediciones antiguas de autores ignotos por siempre jamás.
Entro. Ya no puedo arrepentirme. Camino los pasillos buscando nada, como espía o ladrón que no quiere ser visto. Un par de curiosos o clientes, no sé, dan vueltas por la librería, mientras un beethoveniano nocturno lo ensombrece todo.
Escucho su voz preguntando con cortesía si puede ayudarme en algo. Digo que solo estoy mirando y le agradezco. Sin quitarme los anteojos oscuros, me vuelvo para verlo. Él ya me dio la espalda y se aleja sin prisa hacia esos mundos donde siempre se sintió seguro, protegido, a cubierto. Esos mundos paralelos donde su  enfermedad no existe y él es el idílico héroe de algún poema épico. Parece un anciano casi centenario, cabello y barba blanquísimos, bastón, casi un duende de los libros que escapó de alguna página desprevenida.
Su nieto quiere conocerlo, por eso estoy aquí. Mi nieto, nuestro nieto, se quedó en el hotel. Salgo. Camino respirando profundamente. ‘Lo que dicen estas brisas ya otras veces me lo han dicho…’, decía el poema que aprendí de niña.
Una lágrima... muchas, mojan mi cara, quizás sea mejor que le diga que el abuelo ya no vive aquí... que nadie sabe de él, que hace años se fue a otro país.

 El abuelo 
pág.24 de La memoria del silencio













El carrousel... Mágico...La infancia...La memoria...





21 de abril de 2017

Carlos Nuñez


 Carlos Núñez vive en Tortuguitas, nació en Buenos Aires el  24/09/55 en el barrio de Monserrat.  Estudió Letras en la UBA  a partir de 1976 y nunca pudo terminar la carrera. Trabajó en diversos lugares siempre relacionados con el puerto, sin abandonar la literatura. Publicó tres libros Casi la Sombra de 1985 / En la Colmena de 1987 / y Vacantes  en el Infierno de 1992 /
Participó de los Talleres Literarios de Nicolás Bratocevich y posteriormente de Irene Gruss. Integró el grupo de acción poética "Los Verbonautas" junto con Vigna, Pandolfo, Ferro, Cohen, Folino Hernan, Gabriel, Vicente Luy y Nocera. Nunca ganó un premio literario. Sólo obtuvo mención del Fondo Nacional de las Artes  en 1996. Hoy  sigue con su trabajo literario y tiene un libro inédito "Reporte del Clima".


Un Paraje en el Lago

Del viento hasta la sombra y los tibios
               soles de alumbrado
                     por la pequeñas calles
donde las farolas
              se hunden en el cerro.
casi todo es gris y se demora hacia el sur
 la roca encantada de amarillos y rosales / porfía
sobre la costa
el muelle
la música que sale de una casa 
 o de todas.
A las 11am llega la lancha de las provisiones
                de los hermanos Ríos
el muelle se sostiene en su proa sensible
y en el ruido de cajas y botellas
que atrae a las gaviotas y a las almas
hacia este lugar seguro y solitario.
Cantan, canciones y memorias
como si recién hubiesen vuelto de la guerra,
un canto automático, imperceptible
en sus abrigo de lana manchados de vino
como si fueran luciérnagas:
    articulaciones de un adiós sin gestos
     que mantiene la esperanza de no ser verdadero.
El gendarme les firma un remito y arrastra,
cajas botellas provisiones
hacia la tienda del turco
que ha nacido viudo
según dicen los indios.
La lancha flota en el lago insensible y ya casi sin sombra
no parece moverse.
Ni siquiera parece que la tocara el agua,
es como si tan sólo el tiempo la llevara;
y dejarla de ver, nada más, dependiese
de esperar otro rato
en el muelle sentado
fumando un cigarrillo
entre el sol y los vientos
que ignoran el calor,
la ginebra  /  el mediodía
las imágenes reales.
     

La Marca
Origen Buenos Aires

Tus ojos
la crueldad de tus ojos
el anillo celeste
alrededor de los párpados,
la vaina negra del aura
al amanecer 
   de tus ojos
él  /  la  memoria
en tus piedras lilas
el pegajoso devenir 
el horizonte
la marca que me dejó
tu
       mirada
y el movimiento
    de tus ojos 
cuando lloran
y cuando desaparecen
hasta la oscuridad de mis días. 




Misiones
                                                        Para mi amigo Osvaldo Vigna
                                                                      que se emociona con la selva                                        

El cielo de la noche                                       
mordiéndome los dedos,
los sulfuros  del hombre
 en la terca altura de las estrellas
casi ahogado
abriendo y cerrando
recuerdos de niños y niñas
como manzanas y barcos
en el río que le va marcando a la luna
un regreso sin dios en su
cárcel de esteros.
Da ganas de gritar en la profundidad de todas las cabelleras
      y las plantas
         y la sombra de los pumas
 y la perfección de los insectos
sólo para invocar a Quiroga
a un vino a tiempo
en las redes naturales del ensueño .
Acá es difícil el gris y el futuro,
quieto;  se escuchan  pasar todos los males
y todas las dulzuras sin que haya
jamás donde guardarlas;
la creencia general es que  
“ todo crece sobre la base
de un profundo miedo a transformarse en lo que amamos
y en ese momento no saber qué hacer.”


Portugal Bajo la Niebla

Estaba mi cuñado, mi tía
una sobrina rubia /en el camino/
una vara marcando los límites
las partes en que el pedregullo podía ceder
mi tía se alisaba el pelo 
con un peine de nacar antiguo
bajaba los párpados e inclinaba
la cabeza y su cutis como una
piedra pulida tenía
grietas dulces y suaves  por
las que corrían lágrimas cristalinas
resplandecientes como los vidrios clavados
en los muros por los que solíamos
subir y cortarnos las rodillas
y así veíamos como pasaban los
camiones y los autos y las
caravanas de gente
unos contra otros medio muertos 
de hambre    sucios    pobres
vencidos y exhaustos hasta para la locura
para escapar para
abrirse paso en el bosque
lejos del camino donde una vez
anduvimos cuando fuimos mayores
con mi hermana que hervía 
en una calentura precoz
y no se dejaba y no podía hasta
que al fin se echó contra 
un árbol y acabó 15 veces
mientras mi cuñado se
enteraba de a poco, asmático
traslúcido, visceral
fresco como un remo en la madrugada
de la primavera en que mi hermana
dio a luz a dos pequeñas tigresas
ensopadas y rojizas, nerviosas
y gritonas    y en el camino
de regreso del hospital
vimos como una se moría
mientras la otra sorbía del pezón
la gota cremosa que derramaba
la vida hacia el silencio de los
que estábamos inmóviles sobre
la ruta intransitable en una
tarde de julio con mi hermana
enloqueciendo y dando de mamar a mi única
sobrina viva    y tuvimos miedo
y pena y el valle por el que
hasta el momento había pasado
toda nuestra vida tuvo
su primer funeral de cajón blanco
su primera madre loca
su primera valla de olvido necesario
su primer pavor a lo sobrenatural.

Mi cuñado fumaba en el porche
bajo el frío que le enrojecía las mejillas
con la vista fija en el final
del barranco del camino de tierra
por donde no caminábamos más que nosotros
y trababa el empeine de los pies
haciendo palanca contra el tronco
tirado sobre el piso hasta que
parecía formar parte del paisaje
hasta que la noche lo hundía
en las tinieblas y el asma
y las sombras y el cigarrillo lo
obligaban a entrar a pasar
la mirada por sobre nuestras
cabezas inmóviles y tibias sin
que se pudiera imaginar nadie
que pensamiento    conclusión     temor
odio    amor    venganza    alegría
esperanza    ruego    dolor lo habían
afectado porque no hacía otra cosa
más que eso e irse con
los perros hasta un rincón  en
la cocina y darles de comer y
suponíamos que hablaba sólo con ellos
menos mi tía que había muerto durante
un eclipse de luna de tétano por un
corte que se hizo con una hoja de afeitar
mientras se rasuraba las piernas
y que tenía con él a veces
arrebatos y caricias    besos y dolores
como mi sobrina que reía en medio de sus
erupciones adolescentes
comiendo los bichos que guardaba bajo la almohada
todo el tiempo que duró el embarazo y hasta
que nacieron las mellizas
un día antes de que me sacaran
a mirar desde el balcón
cómo había quedado el pueblo
después de la guerra después
de tantos años en que yo
no había visto a nadie
no había sabido del sol o la lluvia
y entonces supe que los guardiacárceles 
eran otros y que alguien había
declarado una amnistía y
me dieron mi ropa y unos pesos
y un estuche de cuero donde encontré
la foto en la que yo
estaba con las mellizas en los brazos
traslúcido y asmático
rodeado de perros
y de una familia a la que no conocía.

                  De “Vacantes en el Infierno” 1992


Nos moríamos de amor
en las noches congeladas del invierno
Tendría que haberme dado cuenta
de sus tardes rojas solitarias
de que le daban miedo las rutas en la lluvia
de que prefería el ether de vainilla
y la tranquilidad de los ríos de montaña
y la oscuridad
y no explicarse.
Nos moríamos de amor
Con ferocidad y encanto
creo que nos sigue pasando
pero no sabemos cómo.

25 de marzo de 2017

Mariarrosa Sánchez López



 Mariarrosa  Sánchez López:
Nació en Montevideo, R.O. del Uruguay el 06/02/1945. Apenas adolescente  se radicó en Buenos Aires,   hace casi 50 años dedicándose de lleno a su casa, su profesión  y su familia, pero sin dejar esa vocación suya de escribir, que venía arrastrando desde los 14 años y que jamás abandonó. Un día un amigo suyo con el que tenía un programa en una FM local y que conocía su pasión por la escritura le dijo: ¡qué egoísmo mujer, amontonar carillas, hasta que queden amarillentas y privar a los demás de deleitarse con ellas! (Gracias Luis Alberto Cancelo) Esas palabras le dieron el coraje necesario y se presentó con sus trabajos en una revista zonal. Allí  fueron publicados sus primeros cuentos y poemas. Con el tiempo llegó su primera antología, luego una segunda, y poco a poco fue atreviéndose a mas,  Concursos, Intervenciones en Centros Culturales y todos aquellas lugares, donde su poesía o su prosa, pudiera ser escuchada.
Estuvo también unos años radicada en la Pcia de  San Luis, donde fue miembro de Centro Puntano de Letras. En esa  Ciudad, se atrevió a escribir su primer obra de teatro, de la que también fue intérprete.  A su vez,  y en   colaboración con un joven puntano, realizaron  el guion de un corto   cinematográfico .  Y aceptando un desafío, audazmente, se atrevieron a interpretarlo, con un grupo de compañeros. Asimismo en la Ciudad de La Punta, también de la Pcia. de San Luis, conducía un espacio radial perteneciente al Programa PRIMEROS AÑOS, en la F.M  local.-

Premios obtenidos
1998  Mención de honor, en el Décimo Primer Certamen  Internacional de Poesía  y Narrativa, Ediciones Nubla
2000  Mención de Honor  En el 5to Concurso  de Poesía y Cuentos  del Río de la Plata.
2007  Ganadora en el rubro Teatro en el  Festival del Río San Luis con su obra Y El Titiritero Movió Sus Hilos.-
2007  Certificado Meritorio  del  Centro Cultural Puente Blanco, en la Pcia. De San Luis,  por su cortometraje ESPERANZA.-
2010  Certificado meritorio por la colaboración en el Centro Puntano de Letras.
2014  1er Premio    en el Primer Concurso Internacional  “Cartas de Amor”
2015  Creadora del Grupo Teatral  NOSOTROS, integrado por Adultos Mayores
2016  2da, Mención Especial por su obra “Destinos Truncos”  Premios GUKA de Microrrelatos 2016. De la Biblioteca Nacional
Actualmente es integrante del Grupo Literario ENTRELINEAS y del Taller Literario de la Biblioteca Mariano Moreno y colaboradora On Line del Centro Puntano de Letras.
Vive en La Ciudad de Don Torcuato – Ptdo de Tigre – Pcia. De Bs. As.



DE MONEDAS Y TAMBORES

   La mujer, pequeña y delgada, de cabellos blancos, recogidos en la nuca con una hebilla de carey, caminaba sin prisa por la adoquinada y angosta calleja de la Ciudad Vieja, cuando de pronto, la voz de un muchacho la sobresaltó. “Un vintén p`al Judas doña”.  Giró la cabeza y observó a los dos muchachitos sentados en la vereda. Junto a ellos, acostado, un extrañó monigote, vestido con ropas viejas y un gran sombrero, parecía observarla desde sus pequeños ojos   de botón de chaleco.  ¡Pero…balbuceó la mujer, entre asombrada y risueña!  ¿De dónde creen que voy yo a sacar un vintén?  ¡No doña, una monedita le dije!  repuso algo asombrado el chiquilín.  Ella cayó en la cuenta de lo sucedido, su mente se había disparado sesenta años atrás, cuando en las esquinas de los diferentes barrios, grupos de muchachitos, con un muñeco similar a ese, repetían una y otra vez el famoso estribillo.  ¡Un vintén pal Judas, un vintén pal Judas! Era algo que sucedía cuando se acercaban las fiestas navideñas. De esa manera los chicos reunían algo de dinero. Con él, compraban cohetes, con los que rellenaban luego aquel Judas improvisado.  Al llegar la noche del 24 de diciembre lo colgaban, tal como se hace con los ahorcados prendiéndole luego fuego hasta reducirlo a cenizas. Esa era la forma de castigarlo por haber traicionado a Jesús. Claro que los chiquillos, ni siquiera entendían porque se realizaba aquella práctica, y en su inocencia disfrutaban y reían ante las explosiones. La anciana no podía creer que aquella antigua costumbre montevideana, continuara aún.  Volvió a situarse en tiempo y forma, abrió su bolso y entregó al botija la moneda, que desde luego no era un “vintén” ya que aquella había caído en desuso, hacia ya muchísimo tiempo. Entendió que su mente, la había llevado a escuchar, lo que ella hubiera querido escuchar.
   Mientras continuaba caminando, entrecerró los ojos y por un momento vislumbró la pequeñísima esfera plateada, que tantas veces pagara las golosinas de su infancia. El “vintén”, así llamado popularmente, era una simple moneda de 2 centésimos. Sonrió con complacencia ante aquel recuerdo.  Apuró el paso, quería llegar pronto al pequeño hotel, donde se había alojado por unos días, con la intención de recorrer palmo a palmo los lugares de su infancia. Su prisa la llevó a chocar con una muchacha de grandes ojo color café, piel morena y cabello rizado.  Era una bellísima mulata, de las que aún habitaban en su tierra. Imaginó que tal vez fuera descendiente de alguno de aquellos morenos, que años atrás habitaban los conventillos del Palermo Montevideano. Los conventillos de Palermo, en la ciudad de Montevideo Ese lugar casi mágico donde con un entusiasmo increíble hombres y mujeres de color, preparaban sus “fiestas carnavaleras”, donde sonaban con fuerza los tamboriles;   el chiquilín, el mediano, el mayor, .según fuera su volumen o sonido.  Meses y meses de ensayo. Y por fin en una ardiente noche de Febrero, aquellas comparsas de “Lubolos” (tal su nombre) llenarían la montevideana avenida 18 de Julio, con sus cantos, sus danzas y sus trajes multicolores, contagiando al pueblo con su mágica alegría y asombrándolo con la belleza de aquellas “Diosas de Bronce” ¡Pero, acaso aquella mágica alegría   fuera tan solo un disfraz del alma, con el que ocultaban el dolor de sus ancestros esclavos!
   ¡Cuántas historias, casi olvidadas algunas, bajo ese mundo nuevo, de progreso y rascacielos!
   Pensó que al día siguiente saldría a abrevar la verdadera y auténtica historia de su pueblo
   Recorrería lentamente la antigua rambla, bajaría descalza a la playa, sintiendo en sus plantas la tibieza de las arenas doradas, permitiría que la espuma de aquel “río como mar”, mojara sus pies y salpicara su falda.  De sus palmas abiertas, se deslizaría tímida la pequeña esfera plateada y sus antiguas caderas, ondularían candombeantes, al ritmo furioso de los últimos tamboriles, que batirían sus parches, bajo un cielo iluminado por el fuego de miles y miles de Judas, ardiendo al unísono.



EL OTRO YO

   La imagen que me devolvía el espejo, era bastante aceptable. A pesar de mis 78 años,  no me veía tan mal.  No estaba excedida de peso, tenía una altura mediana, y en mi cara no se veían esas  odiosas arrugas.  que preocupaban tanto a las  mujeres de mi edad.
  Me abroche la blusa un botón más arriba, no quería verme muy provocativa.  Miré los pantalones, tampoco eran demasiado ajustados. Si. Decididamente era una señora  bastante elegante.  ¡Me gustaba contemplarme en el espejo!  Yo sé que hay quienes no quieren hacerlo. ¡Que tontería!  ¡Se ve una, tan hermosa!  ¡Me  miraba!  ¡Me reía!   Y él, me devolvía la risa.  Era mi amigo, mi único amigo. Le preguntaba; como aquella madrastra del cuento   ¿Espejo, espejito, quien es la más hermosa?   ¡Claro que él no me contestaba!  Pero yo sabía lo que pensaba y como lo sabía,  paseaba  delante de él, una y otra y otra vez,  contoneando las  caderas y soltando mi melena rubia, como si me exhibiera frente  a un amante. ¡Y me sentía feliz, feliz, feliz!!!!!!!!!!!!!!
  La puerta  se abrió de golpe. La mujer alta, corpulenta y con cara de enojo, entró apurada en el recinto ¡Abuela Josefa otra vez desnuda, frente a la ventana! voy a tener que cambiarte de habitación. La tomó con fuerza del brazo empujándola hacia afuera. La anciana no opuso resistencia, se humedecieron sus pequeños ojos y silenció su voz. Luego, giró la cabeza y echó una mirada atrás.  En el piso,  un  gastado camisón de franela, yacía como  mudo testigo de una risa cantarina y de un llanto silenciosamente manso, de quien había desnudado su alma, de absoluta transparencia, frente a un límpido cristal.



DESTINOS TRUNCOS

   Oigo un golpe leve en el balcón y rasguidos alternos. Salgo.  Veo una paloma sangrante.  En agonía. En una de sus patas soporta un mensaje.
   La tomo con suavidad, recostándola en mi pecho. ¡Pobrecilla, tú también estás herida de muerte! Es posible que mi calor no te baste, te acercaré al fuego.
Me arrodillé sobre la alfombra, depositándola con ternura sobre un almohadón. Vano intento. Su final había llegado. ¡Lo siento pequeña ya nada puede hacerse, ¡las cosas son así! ¿Pero qué estoy diciendo? Esas fueron las palabras que pronunció Carlos cuando decidió poner fin a cinco maravillosos años de amor. Suspiro profundamente. Tomo nuevamente la paloma entre mis manos. ¿Qué voy a hacer ahora? Mañana a la mañana la enterraré en el jardín.
   Busqué una coqueta caja que en su momento contuvo bombones,  aquellos que Carlos solía traerme. En mi mente se agolpaban los recuerdos,  bombones, flores, los pequeños mensajes manuscritos sobre la bandeja del desayuno. ¡Un romántico sin duda y me amaba con tal intensidad! ¿Qué fue lo que lo alejó?  Me conecto nuevamente a mi sistema., Miro  mis manos, había olvidado que llevaba en ellas a mi pequeña visitante, aún tibia. Y con ella ¿qué  había sucedido? La piedra que hallé a su lado, denotaba la nefasta travesura infantil que había tronchado su destino. Su misión, igual que mi romance, se había truncado.
   Deposité en la caja su cuerpecito frágil, quité el mensaje de su pata y leí en una inconfundible cursiva masculina “Mi corazón agoniza sin ti ¿Podrías perdonarme?
Un extraño temblor, me sacudió entera y un casi imperceptible sonido me estremeció. No pude definirlo. ¿Un tímido aleteo? ¿Un breve latido? ¿O sólo el fruto de mi alterada imaginación?
 



LA NEBLINA

A través de la neblina, tu figura gris de sueños
Se desdibuja, como si cada paso con el que pretendes avanzar
Marcara el inevitable retroceso hacia ese espacio incierto
Donde anhelos y esperanzas, fueran solo palabras inventadas
Y descartadas, por un antiguo fabricante de ilusiones
Tu figura luminosa, desafiante
Yace ahora, desvencijada, herrumbrada, famélica
Apoyada en las sombras del desconcierto.
Intenté desempolvar tu antigua risa
Y entreví en cambio. Filosos  incisivos
Preparados para la dentellada final
Se había extinguido la flama,
Aquella  boca derramante de ambrosías
Era  una extraña  mueca sombría,  patética
¿No logro vislumbrarte a través de la neblina?
¡Perecerás entonces  en ese espacio gris!
Allí donde habitaran  todos mis fantasmas.
Voy a quedarme aquí, bebiéndome
Un  pequeño sorbo de sol tibio.
Alimentando  mi último rapto de lucidez






Con las otras dos integrantes del Grupo Entrelineas (la cuarta nos guía desde una nubecita blanca) ellas son María Cristina Bisso y Azucena Sosa. Y el galán del grupo, nuestro amigo Walter Martín, escritor, periodista, bibliotecario y prologuista de Nuestra Próxima Antología



24 de marzo de 2017

Margarita Sanchez Hernandez, sobreviviente.


Siempre:
( Recuerdos dolorosos)
Oscuridad lastimando cuerpos
transparencias perdidas.
Una espera. La presencia que no llega.
Pechos sin aire.
Lejanía...
Lo que pudo ser y se truncó.
Dolores.
Olores nauseabundos.
Eternas, vuelan
Vuelan, buscando...
Tristeza de la muerte ajena
impotencia que desgarra las tripas
Las venas.
Alegrías tapadas.
Ecos y goteo
Frío que congela huesos.
Helada corriente en la sangre
Seca la garganta
Oscuridad solar sin mañana
Pechos llenos en bocas cerradas.
Memoria de golpes mudos
Leche materna derramada.
Más gritos estaqueados
Estáticos,
cerrados.
Mudos lamentos, más dolores,
más do-lo-res
rebotes
desbordes de la muerte escondida.
Frío marzo de miradas latentes
Amores ausentes
Cuerpos sin vida.
Todo es nada
Marzo tan frío, ¡presentes siempre!
Manos abiertas
Estiradas
Esperando más de cuatro décadas
para ser apretadas
Alas desplegadas
eternas, vuelan
Vuelan, buscando.
Vuelan  eternas.


Mi nombre es  Margarita Sanchez Hernandez .  Soy sobreviviente de un centro clandestino de detención.  Como una de mis pasiones es la Literatura elegí este camino para poder trasmitirlo...


22 de febrero de 2017

Luis Carlos Aguirre


Luis: -El poeta es una especie de profeta actual, en realidad los profetas fueron poetas de su tiempo... (Muestra su libreta y también tiene su celular, su libro electrónico; escritor que diseña, edita, crea, actualiza sus sitios web, ponele...y la charla fue luego de nuestros horarios de trabajo ¿obligatorio?)

Clo: -No es ningún bajarse del caballo, en cuanto a trabajar en auto edición, archivos... ¿publicación? Viste que hay escritores que argumentan: ”yo soy escritor, no hago trabajos de informática, ni paginados, ni edito, ni...”

-Luis: -es que no hay que subirse al caballo...-.

ALGUNOS DATOS SOBRE LUIS CARLOS AGUIRRE:
Nació en Posadas, provincia de Misiones en 1956. Transcurrió allí su primera
infancia hasta 1963 en que su familia se establece definitivamente en San Miguel y
al año siguiente en Bella Vista, entonces del partido de General Sarmiento en el
noroeste del Conurbano Bonaerense.
Realizó sus estudios primarios y secundarios en La Plata y diversos
establecimientos de la zona.
Entre 1974 y 1984, junto a Daniel E. Serra, edita la revista alternativa
Antimitomanía. Esta publicación ha marcado una época en su género, organizando
encuentros y recitales literarios que reunieron a escritores y editores de todo el
país y algunos piases vecinos.
En 1978 publicó su cuaderno de poemas APUNTES EN LA TIERRA.
Entre 1989 y 1994 crea y conduce, junto a su amigo Héctor D. Suárez, el programa
radial NOCHENAUTAS, que obtiene dos veces el premio Sin Anestesia. Suma a su
pequeña actividad cultural un dilatado compromiso en la militancia política desde
1982 en la Unión Cívica Radical, partido al que representó como concejal de su
distrito. Desde 2003 dejó la militancia política para abocarse a edición de la
publicación poética PARADECIR y a criar a sus hijos más pequeños.
En 2004 publicó su segundo poemario RONDAR POR LOS ANDENES (O DIARIO
DE UN EXCLUÍDO, en el que expone sus vivencias durante el tiempo en que estuvo
sin trabajo. No logra que este libro se agote.
Participó en la Antología POESÍA Y POETIZAR Vol. 1 editada por Daniel E.
Serra a partir de su participación del ciclo “Ediciones del Último Sábado” en el
programa Rock que me hiciste bien de Miguel Grinberg.

Sitios web del autor:

Libros:
Rondar por andenes
Poesía y poetizar –antología-
Hierros bajo la luna
Poemas sin Dios
Otro cuaderno

 Durante los "años de plomo" recorrían las calles repartiendo sus poemas, sus voces cargadas de una sensibilidad ignorada por los bandos en pugna. Participaron y generaron una "prensa alternativa" con un mensaje diferente al del sistema. Rescatar aquella inspiración y conocer qué hacen ahora sus "sobrevivientes" es la intención de este rincón de la web.

_________________________
Se autodefinió en aquellos años: "Pequeña publicación de exploración humana. Arte y demás yerbas. Actitud vital contra la mentira; búsqueda de la verdad, no es un compendio de recetas sobre la verdad.
Mitomanía es la palabra muerta, Antimitomanía es la palabra viva."


Cuando rueda la mirada
por las veredas,
por las venas azuladas,
el tiempo hace una pausa.

Miles de papelitos, botellas vacías,
recuerdos indeseables,
vergüenzas y lunas innombrables
se arremolinan
y arremeten armados de viento
contra el rostro asombrado.

Ya se han cometido
todas las infamias
previstas,
un nuevo códice se está
contruyendo
en la lejana torre
de los poderosos
(que observan, califican
y asimilan, ascépticos,
la muerte que se avecina).
                                 de CUANDO RUEDA LA MIRADA POR LAS VEREDAS (inédito)


En honor de tantos sueños que no tienen otro escape que la pa­labra y en honor a la palabra, ese don del animal humano, no quiero dejar en el olvido toda esa energía, de cuyo valor li­terario no estoy en condiciones de opinar.
Luis C. Aguirre -Fragmento de la intro de su obra:  H I E R R O S  B A J O   L A   L U N A 


DOMESTICAR

El viento
esconde los miedos.
Ráfagas que giran
en las esquinas
de la vergüenza.

Aires de luna
sin noche de sueños.

Vuelos del alma
desangrada
en los altares
de la cordura.*
(7 XI 90)

Vasija de barro
que cae
        cae
             cae
                  cae
y se destroza entre
las baldosas indiferentes.

No hay inviernos
que puedan contener
éste frío.*

(25 IX 90)
_________De su obra H I E R R O S  B A J O   L A   L U N A 



DANZA

Suena la danza de los desesperados
en las esquinas,
en los baldíos,
en los prostíbulos,
en las catedrales,
en las pensiones,
bajo los puentes,
bajo la luna,
bajo los tejados,
bajo la lluvia.
Te invito a bailar conmigo
entre el barro,
entre la vergüenza,
entre las ruinas,
entre las penurias,
llenos de lágrimas,
llenos de pecados,
llenos de angustia.
Suena la danza de los desesperados
esta madrugada
y todas las madrugadas
hasta que el silencio nos cubra
de tierra y de olvido.
Te invito a bailar.
                    10 XI 96 de Otro cuaderno


PREGUNTAS

Sin la profundidad
de los pozos ciegos
¿quién esperaría
la tarde
frente al mar?
Sin la voracidad
de la muerte
¿quién crearía
altares de eternidad
en las noches de amor?
                   De Poemas sin Dios pág.6


BABEL

Nuevas Babel
se elevan cada día
en las vanidosas
cavernas
del corazón.
Ese extraño animal
que llora
eleva torres
cada día,
que cada día
quedan truncas
pues su lengua
se enreda en mil vanidades
y sus ojos se pierden
en los infinitos rumbos
de la arena.*
                     De Poemas sin Dios pág.17


VOLVER LA MIRADA

Las horas
en el cemento
amado
del lugar elegido.
Un lugar
húmedo de amores
habita los latidos,
golpeando
los tambores del alma.
Volver la mirada
al asfalto escarchado
de amaneceres
mediocres
como los que
vuelven la mirada.*
                  De Poemas sin Dios pág.32


DERECHOS HUMANOS

a Graciela Santaliestra
Tener derecho a los errores
a las revanchas
a los egoísmos.
Poder juntar en un cofre
los ideales
las fantasías
los sueños
más sublimes.
Presentarles los rencores
las ambiciones
las lujurias
inimaginables.
Luego, como un cocinero,
sazonarlos de misterios,
de medias palabras,
de rumores
y presentarlos
sobre los blancos manteles
como una expresión
genuina
de humanidad.
                        29 III 97 de Otro cuaderno


OTOÑO DE RODRÍGUEZ

Es verdad, Rodríguez,
"nos hace falta un buen otoño".
Cuando acabe este verano
las luces comenzarán
a acortarse,
las horas,
los segundos,
todo
comenzará a ser más breve.
Es cierto, Rodríguez,
nos hace falta un buen otoño.
Para terminar de blanquear la cabeza,
de marchitar la piel,
de "dosificar los placeres".
Nos queda menos tiempo, Rodríguez,
"después de un verano tan largo".
Habrá que dibujar las sonrisas pendientes,
que colgar los dolores debidos,
que recitar los poemas guardados.
Queda menos tiempo y mucho por abrazar,
Rodríguez.

                        16 III 97 de Otro Cuaderno


Una mujer de amaneceres ( tomado de f.b. del autor)
se extiende entre las horas
y sostiene el día.

Una mujer de atardeceres
alimenta las horas
de anhelos y olores
y resuelve la noche.

Una mujer de estrellas
arma de eternidades
los sueños.

Siempre una mujer.


UNA VOZ

Una vos desliza susurros
en los oídos interiores.
Una voz que puede indicar
rumbos en la bruma,
Una voz que puede lloverse
en los incendios.

Siempre hay una voz
en los silencios profundos
cuando, parados
entre las estrellas y el viento
se duda entre el este y el oeste.

Una voz se estaciona
en la frente
y tararea la melodía
de la marcha
y el ronroneo del pedregullo
del camino.
            De Rondar por los andenes -2004



INFORME SOBRE ROMERO

Cuenta Molina:

“Ah, mire profesor Molina, yo no vengo acá a clase para salir dotorcito, evangelista o maricón.  Vengo acá pa’ no volverme loco pensando y con las cositas suyas, las rayitas y los números de la profesora Rúccoli, salgo un poco de los recuerdos.  Calcule que tengo tiempo pa’estar recordando, siempre lo mismo, desde el principio.”

El interno, hombre de unos cincuenta años, venía a las clases que se dictaban en el penal con su cuadernito, un lápiz negro y su goma.  Se sentaba por el medio del aula.  Parece que tenía algunos problemas de miopía por sus esfuerzos en mirar al frente pero no se atrevía a ubicarse más adelante.  Podría ser pudor o no sé qué, pero prefería mirar de reojo a su compañero de asiento para acertar a copiar.  Le costaba escribir, lo hacía con una letra infantil, anclada en sus años de escuela primaria, como si recién hubiera salido de ella.

“Yo no hice nada que no se hiciera. Que hizo mi padre, hicieron mis primos y vecinos.  Que se debe hacer entoavía en la provincia, profesor.  Tendría unos treinta y tantos años cuando fui a lo de la Chicha Leiva, al fondo del barrio El Latón, cerca de Merlo.  Unos barriales para llegar.  Yo sabía que la Chicha tenía varias hijas.  Como ella supo ser linda moza allá en la provincia, yo le conocía, era de un pueblo cerca de Casapava, las hijas debieran ser, y son profesor, lindazas y sanitas.  Yo fui a verla nomás, me costó llegar, pero fui.”

En aquel tiempo el servicio penitenciario de la provincia era mucho más amplio y creativo que lo que vino luego de Onganía.  Había algunos tipos jodidos, formados en los ’40 y ’50, pero estaban aplacados, su dureza estaba orientada hacia determinados internos como los de “delitos políticos” y los violadores.  A los demás no los molestaban mucho e, incluso, a algunos los respetaban, sea por su poder económico (fuera de los penales) o por su bravura, en los casos de los “pesados”.  Mi retiro de la política, antes de ir a Heredia, me había llevado a dar clases de historia o de literatura.  Como no había muchas vacantes, acepté ese puesto para dar clases a los internos del penal.  Allí traté a Romero.

“Verá, profesor Molina... ya sé que no quiere que le diga “profesor”, pero pa’me sale así, sin pensar.  Verá, le decía, ya había pasado los treinta y andaba porái penando  y solo.  Había podido comprar un terrenito con una casilla, con bomba y todo, por Moreno era.  Sí, por Moreno, verá.  Ya podía dejar la pensión.  Pero no iba a vivir en un ranchito solo.  Se me iban a réir o iban a crer que’ra maricón.  ¿Me’ntiende profesor, digo... don Molina?
Un  rancho sin mujer es como una campana sin badajo, no sirve, no tiene sentido ni atrativo.”
En clase era atento, preguntaba poco, se ve que le tenía miedo pánico al ridículo.  Me encaraba afuera, en el pasillo o en el patio que había para los alumnos, porque eran internos de buena conducta y no había problemas con ellos.
Solía hacerme preguntas inteligentes.  Aunque él no lo sabía, era de los mejores alumnos que había.  Es una pena.  Ese hombre, Romero, con mejor formación en el tiempo adecuado de su vida, hubiese terminado siendo útil a la sociedad y a sí mismo.
“Fui a lo de la Chicha.  Tomé unos mates en el patio y finalmente le dije nomás, como se hacía en la provincia y por acá en los barrios se debe seguir haciendo, don Molina.  Le dije, pues, le dije: ‘fijate Chicha si no tenés alguna de tus guaynas como para mí, de unos veintipico, que sea sanita y hacendosa.  Ya tengo el rancho y estoy solo nomás...’   ‘Uhhh... ‘ me dijo, ‘sos pretincioso como todos, Romero.  D’esa edá ya las tengo todas juntadas o me trabajan para mí... no, nu'hay.  La que mestá creciendo rápido y ya tiene tetitas y todo,  es la Zully que ya pasó los trece el mes pasáu... Podría ser la Zully si querés, Romero.  Perá que te l’hago llamar y la ves.  Si te pá es pa vos nomás, con algún regalito para la suegra, nada más.’ “
No tenía grandes problemas en el aprendizaje.  Es notorio que su lenguaje escrito, aunque sencillo y con letra dificultosa, era correcto y sin barbarismos.  El oral, en cambio, seguía sin variaciones desde el primer día.  Tal vez no quería demostrar su crecimiento cultural.  Supongo que para él y el medio en que desarrolló su vida, el hombre culto tenía que ser o superior por poder y riquezas o ridículo o afeminado.  No entiendo de otra forma esta dualidad.
“Ahí me trajo a la Zully.  Era guaynita nomás, con cara pícara, flaquita pero linda.  La miré un rato y le prigunté por qué se llamaba Zully.  Me dijo que’ra cosa de su mama.  La Chicha me dijo que por los ojos negros como de Zully Moreno la había llamado así.  Me gustó la Zully.  A los tres días le llevé un calentador Bram Metal a la Chicha y me traje a la Zully pal rancho.  No quería dirse, no.  Lloraba y se agarraba a un arbolito mientras las demás guaynas miraban  duritas por la ventana de la casilla.  Pero se vino conmigo nomás y así empecé a ser un hombre con mujer.  La verdá se mescapó dos o tres vece.  La’iba a encontrar de nuevo en lo de la Chicha que ya la amansaba un poco a cintarazos.  Yo no le pegaba mucho, algunas veces, pa’que me riespete y lave la ropa, nada más.  Cuando sembarazó la primera vez ya no se escapó más.”
Esos años sesenta, tan raros.   Parecía que todo iba a ser mejor y empeoraba cada vez más.  Me sumergí en estos pueblos para no ver lo que venía, porque un sentido no definido (una especie de sexto sentido) me hacían prever tiempos terribles y creí que el interior era más sano, menos peligros.  El tiempo me diría que no, que me equivocaba.  Sin embargo me refiero a la década del 60 y acá nomás a menos de cincuenta kilómetros de una ciudad como Buenos Aires, un hombre se podía apropiar de una niña, apenas adolescente como quien obtiene un animalito doméstico.  Desconozco si proceden estas consideraciones en este informe.
“Seis hijos tuvimos.  Se fue amansando y me acetaba.  Ya el Roberto, el más grande, tenía unos catorce cuando me malicié alguna cosa.  Me había dicho la de la esquina que a cierta hora la Zully desaparecía.  Pero a esa mucho no le créi porque es medio bruja y malantraña.  Per’una vez el Roberto volvió antes de la escuela y no estaba su mama y me contó como con miedo.  Es claro, el muchacho pensaba que yo la’iba pegar.  Y lo pensé, don Molina, lejuro que lo pensé.  Pero uno se hace grande y se vuelve más mañoso y calculador.  Fue así que pensé en dejarla hacer pa ver endonde acababa la cosa.  Y acabó mal, nomás don Molina, mal, qué quiere quelediga.”
Fue aprobando sus materias con más facilidad que la que él mismo esperaba.  Era estremecedor ver en un hombre ya maduro, cómo iba descubriendo en el conocimiento formal las cosas que intuiría con su experiencia.  Su rostro se iluminaba cada vez que descubría la relación entre algún tema de clase y la vida cotidiana.
Con el tiempo comenzó a recibir visitas.  Él mismo estaba sorperndido porque no las esperaba.  Su hijo mayor y su hija más pequeña comenzaron a visitarlo con cierta regularidad.
“Pedí unos días en la fábrica por vacaciones, don Molina.  Como n’el verano necesitaban gente les venía bien que yo me fuera n’el invierno.  Pero no dije nada a nadies.  A nadies vea.  Fui hablando con’uno y con’otro y yendo pa’ca y pa’llá.  Y dí con lo que’staba pasando.  Seme había metido con un muchacho. Le veía en lo de él.  Le ví ir, le ví entrar, le ví salir.”
Las visitas a Romero lo cambiaron.  Se volvió menos retraído, participaba de las clases con menos pudor.  Y me hablaba.  Comenzó a contarme sus cosas personales.  Jamás le pregunté nada pero él empezó a contarme.  Es por eso que puedo saber tantas cosas de él y espero que sean útiles para este informe.  Al contarme sus cosas fui dando cuenta que tenía otros códigos, diferentes a los de la sociedad.  No digo que no conociera o rechazara las normas de la civilización, creo que los comprendía claramente.  Sencillamente entendía su situación como una fatalidad.  Resignadamente aceptaba su destino.
A pesar de la mejora en su carácter, con el transcurso de los meses, comencé a notarlo desemejorado, más delgado, débil.
“Le esperé en la casilla.  Volvió antes que los gurises llegaran de la escuela.  Al verme no habló, no me saludó, me miró y bajó la vista.  Sabía que yo sabía y creo que sabía más que eso, don Molina.  Le miré largo, como para acordármela siempre.  Mucho le miré.  No te vuá pegar, le dije.  No te vuá echar, le dije.  No te vuá perdonar, le dije.  No te vuá olvidar, le dije.   Te vuá matar, ahora, le dije.  No me miró, no me contestó.  No habló. No se quejó, no se quiso escapar.  No volví a verle losojo negros porque los cerró.  Los cerró para siempre.  Y le maté, Molina.  Como se mata un cabrito.  Una sola cuchillada. Una. La cuchillada que dí en mi vida.  La cuchillada que’s mi vida, don Molina.”
Sus relatos habían sido estremecedores.  Yo no era como Echarte que había lidiado con toda clase de gente y contaba los casos judiciales como quien habla de cualquier cosa.  A mí me emocionó su relato.   Tengo grabada en la memoria, palabra por palabra, su historia.  De esa puñalada definitiva, la que lo convirtió en asesino...  Como un personaje de Shakespeare, llevado a la tragedia por el destino. 
Por eso su muerte extraña me dejó muy impresionado.  Me cuesta creer lo del forense.  Él dice que Romero no estaba enfermo de nada.  Que él cree que lo envenenaron.  ¿Quién en el penal podía querer hacerlo?  Si estaba tan bien con las visitas de sus hijos.  Que siempre le traían tortas o emapanadas.  ¿Quién podría haber querido envenenarlo?  El forense al escuchar mis relatos de lo que sabía de Romero se sonrió.  “Si serás ingenuo, Molina” me dijo.  “Lo mataron los hijos, no te das cuenta.  ¿No ves que empezaron a visitarlo de repente? ¿Qué demostración de cariño le habían hecho antes?  Vinieron a vengar a su madre, Molina.”
Igual el informe del forense fue “infarto”.  De manera que no entiendo para qué quieren este informe ahora.  En fin, lo corregiré para sacarle las opiniones y cosas secundarias y pasarlo en limpio.

Cnel.  Matienzo, diciembre de 1974.