21 de abril de 2017

Carlos Nuñez


 Carlos Núñez vive en Tortuguitas, nació en Buenos Aires el  24/09/55 en el barrio de Monserrat.  Estudió Letras en la UBA  a partir de 1976 y nunca pudo terminar la carrera. Trabajó en diversos lugares siempre relacionados con el puerto, sin abandonar la literatura. Publicó tres libros Casi la Sombra de 1985 / En la Colmena de 1987 / y Vacantes  en el Infierno de 1992 /
Participó de los Talleres Literarios de Nicolás Bratocevich y posteriormente de Irene Gruss. Integró el grupo de acción poética "Los Verbonautas" junto con Vigna, Pandolfo, Ferro, Cohen, Folino Hernan, Gabriel, Vicente Luy y Nocera. Nunca ganó un premio literario. Sólo obtuvo mención del Fondo Nacional de las Artes  en 1996. Hoy  sigue con su trabajo literario y tiene un libro inédito "Reporte del Clima".


Un Paraje en el Lago

Del viento hasta la sombra y los tibios
               soles de alumbrado
                     por la pequeñas calles
donde las farolas
              se hunden en el cerro.
casi todo es gris y se demora hacia el sur
 la roca encantada de amarillos y rosales / porfía
sobre la costa
el muelle
la música que sale de una casa 
 o de todas.
A las 11am llega la lancha de las provisiones
                de los hermanos Ríos
el muelle se sostiene en su proa sensible
y en el ruido de cajas y botellas
que atrae a las gaviotas y a las almas
hacia este lugar seguro y solitario.
Cantan, canciones y memorias
como si recién hubiesen vuelto de la guerra,
un canto automático, imperceptible
en sus abrigo de lana manchados de vino
como si fueran luciérnagas:
    articulaciones de un adiós sin gestos
     que mantiene la esperanza de no ser verdadero.
El gendarme les firma un remito y arrastra,
cajas botellas provisiones
hacia la tienda del turco
que ha nacido viudo
según dicen los indios.
La lancha flota en el lago insensible y ya casi sin sombra
no parece moverse.
Ni siquiera parece que la tocara el agua,
es como si tan sólo el tiempo la llevara;
y dejarla de ver, nada más, dependiese
de esperar otro rato
en el muelle sentado
fumando un cigarrillo
entre el sol y los vientos
que ignoran el calor,
la ginebra  /  el mediodía
las imágenes reales.
     

La Marca
Origen Buenos Aires

Tus ojos
la crueldad de tus ojos
el anillo celeste
alrededor de los párpados,
la vaina negra del aura
al amanecer 
   de tus ojos
él  /  la  memoria
en tus piedras lilas
el pegajoso devenir 
el horizonte
la marca que me dejó
tu
       mirada
y el movimiento
    de tus ojos 
cuando lloran
y cuando desaparecen
hasta la oscuridad de mis días. 




Misiones
                                                        Para mi amigo Osvaldo Vigna
                                                                      que se emociona con la selva                                        

El cielo de la noche                                       
mordiéndome los dedos,
los sulfuros  del hombre
 en la terca altura de las estrellas
casi ahogado
abriendo y cerrando
recuerdos de niños y niñas
como manzanas y barcos
en el río que le va marcando a la luna
un regreso sin dios en su
cárcel de esteros.
Da ganas de gritar en la profundidad de todas las cabelleras
      y las plantas
         y la sombra de los pumas
 y la perfección de los insectos
sólo para invocar a Quiroga
a un vino a tiempo
en las redes naturales del ensueño .
Acá es difícil el gris y el futuro,
quieto;  se escuchan  pasar todos los males
y todas las dulzuras sin que haya
jamás donde guardarlas;
la creencia general es que  
“ todo crece sobre la base
de un profundo miedo a transformarse en lo que amamos
y en ese momento no saber qué hacer.”


Portugal Bajo la Niebla

Estaba mi cuñado, mi tía
una sobrina rubia /en el camino/
una vara marcando los límites
las partes en que el pedregullo podía ceder
mi tía se alisaba el pelo 
con un peine de nacar antiguo
bajaba los párpados e inclinaba
la cabeza y su cutis como una
piedra pulida tenía
grietas dulces y suaves  por
las que corrían lágrimas cristalinas
resplandecientes como los vidrios clavados
en los muros por los que solíamos
subir y cortarnos las rodillas
y así veíamos como pasaban los
camiones y los autos y las
caravanas de gente
unos contra otros medio muertos 
de hambre    sucios    pobres
vencidos y exhaustos hasta para la locura
para escapar para
abrirse paso en el bosque
lejos del camino donde una vez
anduvimos cuando fuimos mayores
con mi hermana que hervía 
en una calentura precoz
y no se dejaba y no podía hasta
que al fin se echó contra 
un árbol y acabó 15 veces
mientras mi cuñado se
enteraba de a poco, asmático
traslúcido, visceral
fresco como un remo en la madrugada
de la primavera en que mi hermana
dio a luz a dos pequeñas tigresas
ensopadas y rojizas, nerviosas
y gritonas    y en el camino
de regreso del hospital
vimos como una se moría
mientras la otra sorbía del pezón
la gota cremosa que derramaba
la vida hacia el silencio de los
que estábamos inmóviles sobre
la ruta intransitable en una
tarde de julio con mi hermana
enloqueciendo y dando de mamar a mi única
sobrina viva    y tuvimos miedo
y pena y el valle por el que
hasta el momento había pasado
toda nuestra vida tuvo
su primer funeral de cajón blanco
su primera madre loca
su primera valla de olvido necesario
su primer pavor a lo sobrenatural.

Mi cuñado fumaba en el porche
bajo el frío que le enrojecía las mejillas
con la vista fija en el final
del barranco del camino de tierra
por donde no caminábamos más que nosotros
y trababa el empeine de los pies
haciendo palanca contra el tronco
tirado sobre el piso hasta que
parecía formar parte del paisaje
hasta que la noche lo hundía
en las tinieblas y el asma
y las sombras y el cigarrillo lo
obligaban a entrar a pasar
la mirada por sobre nuestras
cabezas inmóviles y tibias sin
que se pudiera imaginar nadie
que pensamiento    conclusión     temor
odio    amor    venganza    alegría
esperanza    ruego    dolor lo habían
afectado porque no hacía otra cosa
más que eso e irse con
los perros hasta un rincón  en
la cocina y darles de comer y
suponíamos que hablaba sólo con ellos
menos mi tía que había muerto durante
un eclipse de luna de tétano por un
corte que se hizo con una hoja de afeitar
mientras se rasuraba las piernas
y que tenía con él a veces
arrebatos y caricias    besos y dolores
como mi sobrina que reía en medio de sus
erupciones adolescentes
comiendo los bichos que guardaba bajo la almohada
todo el tiempo que duró el embarazo y hasta
que nacieron las mellizas
un día antes de que me sacaran
a mirar desde el balcón
cómo había quedado el pueblo
después de la guerra después
de tantos años en que yo
no había visto a nadie
no había sabido del sol o la lluvia
y entonces supe que los guardiacárceles 
eran otros y que alguien había
declarado una amnistía y
me dieron mi ropa y unos pesos
y un estuche de cuero donde encontré
la foto en la que yo
estaba con las mellizas en los brazos
traslúcido y asmático
rodeado de perros
y de una familia a la que no conocía.

                  De “Vacantes en el Infierno” 1992


Nos moríamos de amor
en las noches congeladas del invierno
Tendría que haberme dado cuenta
de sus tardes rojas solitarias
de que le daban miedo las rutas en la lluvia
de que prefería el ether de vainilla
y la tranquilidad de los ríos de montaña
y la oscuridad
y no explicarse.
Nos moríamos de amor
Con ferocidad y encanto
creo que nos sigue pasando
pero no sabemos cómo.