7 de abril de 2013

Julio César Azzimonti




Julio nació en Zárate, provincia de Buenos Aires, en 1943. Vivió hasta los 27 años en Villa Urquiza, Capital Federal. Actualmente reside en Los Polvorines, partido de Malvinas Argentinas. Estudió psicología, sin terminar la carrera. Desde hace más de 20 años enseña talla y escultura en madera. Coordinó varios talleres literarios y encuentros de escritores. Dirigió y editó revistas literarias y culturales: El arcón, La banana magnética, El hiperpótamo y Precisiones. Integró el grupo cultural “La Jabonería de Vieytes”. Colaboró y publicó en: La Prensa, La Gaceta de Tucumán, Clarín, etc. En el año 1987 fundó ADEL (Asociación de Escritores y Lectores de General Sarmiento) y fue presidente hasta 1998. Cofundó Círculo 21 de Ediciones, editorial que publicó 32 libros de narrativa, ensayo y poesía. Publicó: Mi Lugar, poesía y relatos en colaboración (1978); Acerito, novela, Editorial Plus Ultra (1988); Lo que vendrá, nouvelle, Círculo 21 Ediciones (1995); Literatura activa y procesos comunicacionales, Antología de cuentos (2004). Obtuvo premios y menciones: 1er Premio Concurso Nacional de Cuento “Roberto J. Payró” (1978); 2º Premio y Mención Especial del Jurado por: “A juego y vida”, Fundación ARCIEN de Rosario, Concurso Nacional en 1979; 1er Premio en el Certamen Internacional de Cuento “Eduardo Mallea” organizado por la Fundación Carbide (1981) y Mención Especial en Premios Nacionales de Literatura 1985/1988 en 1992. Desde 1999 integra el Consejo de Redacción de la Revista OMERO poesía. En el año 2012, presentó “El lugar Humano”, plaqueta ediciones Omero libros. El 6 de noviembre de 2013 presentó “La canción de Maria Morena”, libro-cd, musicalizado por Oscar Peretto, auspiciado por el Centro Cultural de la Universidad de General Sarmiento.








NEGRO TANGO

John Kennedy Casal es negro uruguayo y cantor
Es gutura rítmica en sus tamboriles genéticos
Es un instrumento de carne que se revive
ungido por su don templado al fervor de las llamadas

No usa  muletaje guitarrero
ni el chantear de las palmas
El vino le enciende el pico
mientras el sabor retinto de la uva
se vierte en su memoria
No ruega otra copa
la trueca por otra canción

Tango puro carajo
                                 dice
 tango charrúa oriental y sin maridaje

No mendiga escenario
                                         Dice
Mi tango viene del refrite de los barrios


donde en los días bochornosos
la gente baila vibra y canta
porque se le canta
como se le cantó a don Gervasio libertador
Porque se me canta
                                    hermano
yo estoy aquí
Porque se me canta soy negro libertario
y cantor
Porque se me canta
inundo mis cuerdas de vino
pero compadre mamado jamás
mi vino se termina cuando
                                             mi madre
me mira desde el adiós

Digamos
                  que es guapo hasta el olvido
de su cuerpo ensombrecido


 Transita bodegones y comederos de todas cepas
Reconoce que mandó callar a todos
en un restorán medio pelo


cuando paladeó repentino
´´Antiguo reloj de cobre ´´
                                               dicen
que se enturbió su mirada
al rigor furioso de los aplausos

Hombre de semipenumbras
cabeza con chambergo
ala baja y una pluma blanca
donde va el pañuelo

Después
                con el tiempo entre paréntesis
hinchado el pecho de jugosanto
en la madrugada de los ciegos
siente desde el adios la mirada de su madre


negro y todo se retira a los aposentos
                                                                dice
donde lo esperan su negra y su negrita

Largo y acompasado canyengue natural
cargando su gola bronca
bronce exquisito con verdín
se va como el tiempo
que nos parió encima

¡ Esa voz compañero ¡
esa voz cantando  ´´La casita de mis viejos´´
Esa voz que se aleja
                                   hasta perderse
dentro de un chorro espeso de tinta
quedando la magia de su sombrero
relumbrón blanco del más allá
flotando sobre su voz
                                   
                                   voz
saliendo tenue de la negrura
embargadas sus glorias
resuena aún
después de la derrota de la noche
cruzando el río sin orillas
hacia su Montevideo de plata
al que nunca
                        hermano
volverá


    

ULTIMO TANGO EN LA ENRAMADA


Rechiflados de rocío
de espaldas al amanecer
ella viborea atangada
el se obliga tanguistante

mejilla  con mejilla
juntos en simismo
ellos tan solos – los últimos –
lustrando el piso de La Enramada
con el terciopelo de sus pasos

bailan sin hablarse
sin memoria ni futuro
bailan troileando el presente
mientras el mundo decide
decide infinitas cosas

una voturé se detiene en la puerta
con dos cosos rajatablas
listos para quebrar
sopesan el momento
mostrando descarados                   

el pavón de sus fierros

ella corrige con la destreza
de sus largas piernas
las vacilaciones que el alcohol
alienta en su compañero

el tango sigue en su queja
y en el estribillo
las dos getas acerando sus ojos
salen del auto
encarando hacia el salón

el tango trepa hacia su fin
el fuelle se abre inhalando
rozando su panza con el suelo
preparando su descarga

truenan varias veces
los fuegos secos de los chumbos
en el espacio hueco de la culpa
en el terreno del toma y daca

momento de nácar que fue piel
sobre tinta roja que se expande
recortando dos figuras congeladas
sobre el piso de parque
pero el tango
amigos míos
bordara en instantes la telaraña
de su transa con el tiempo y el olvido

luego habrá telón carmesí
luces que se apagan
penumbra
y un chan chan
bordoneando
algún sentido final…          

                       

                                
                         
V I E J O     C O N D E     D A R K

                                                              Vasto lago de sangre me rodea
                                                                                    Y ya me da lo mismo
                                                                                     Volver atrás que seguir avante
                                                                                                                                              MACBETH


                      El escenario:…

El conde magnífico vestido de negro leviatán
come tortilla rumana de papas brotadas
 come aceitunas negras con hongos de la cripta
come morcilla de venado con membrillo bebiendo su elixir:
vino con sangre de  mancebos guaraníes                                                                                                                                   

en la pared escarlata un corazón real palpita
marcando las horas con sus latidos
las horas de los siglos
los pliegues de los milenios
hasta la contracción de la materia
en espléndida energía

en tanto trata de explicarle algo    
a su nueva conquista encendida
preparando orfebre exquisito
su tránsito a la inmortalidad

velas  por doquier y un fuerte olor                                                                                                  
 a  sebo y humedad en el alma del castillo


afuera brotando de los muros
sibilantes  las gárgolas de cristas y leyendas
cuidan a su amo de la maligna curiosidad
de las civilizaciones mortales



          Los personajes:…
dice:   lo mío señora es alma por alma
           garganta a garganta
           colmillo a colmillo
           ni lunas metálicas escenográficas
           ni triller filosófico
           ni lavado de sangre aria
           ni escarnio religioso en misas
           de carne y sangre
           es mi señora un rito carnal
           donde transfiero mi eternidad
           en  un acto de atracción feroz
           guiado por el perfume de los glóbulos
           que encienden llameantes mi paladar
           es un grito de vida de mi especie
           mi señora
           si yo no existiera no habría mortales
           y sin ellos este que está a tu lado
           sería una abstracción
  

           somos dos especies opuestas y necesarias
           que deben continuar juntas
            y vos mi señora amadísima elegida
            sos una flor carnívora mortal
            que atrae mis colmillos de seda y puñales
            hacia ese cuello de carrara y vino tinto sagrado

            eso si mi señora dispuesta a recorrer las eras
            en este acto de amor
            lejos de las crueles estacas civilizatorias
            y las plebeyas cadenas de ajos
            sólo vos y yo en el cofre
            donde la noche es luz eterna
            sólo vos y yo exquisitos
            floreciendo en el rojo mar de todos los tiempos

                                                                                

            Un conde
            No puede dejar de ser
            bizarro






EL DÍA Y LA NOCHE DEL PINTOR

Amanece y abre los ojos. O amanece porque abre los ojos. La mañana en su vida es como una tela en blanco. La ma­ñana es una pregunta que va contestando, a veces, el transcurrir del día.
Amanece y es como una descarga eléctrica en el cuerpo que obliga a erguirse. La tela en blanco obliga al pintor a buscar los pinceles y los colores, como un revolver cargado dejarlos al alcance de las manos.
Se viene el mate poniendo un pie en el horizonte. Hay acción y hay gallos guapeando su existencia, también relinchos y cabeceos y los pájaros se anuncian sin solución de continui­dad.
Ya está con los ojos bien abiertos mirando desde la ventana mate en mano. El mundo circundante organiza su estética cotidiana y empieza a funcionar. Desde la ventana presiente que todos los misterios están detrás del horizonte. La luz en ese día pleno es restallante y oblicua.
La noche anterior había pensado en organizar este día. Lo hizo y se durmió. Ahora, ante la ventana, ya se olvidó todo lo que había pensado. Se deja transcurrir al ritmo y al sabor de la yerba y ese calor que baja desde la boca y templa el cordaje de las sensaciones.
Continúa observando el horizonte: dos planos, abajo la pampa, pastizales, algún sembradío; arriba cielo, azuloide por la invasión del sol. A un costado de la casa el cobertizo y murmullo de caballos queriendo participar en la exégesis de la mañana. Haciéndose notar. Buscando presencia.
Oye el ruido inconfundible de una avioneta. La ve brillante dirigirse hacia el naciente. Pronto ve un punto contrastando con la luz solar y ya no hay sonido. Solo luz y silencio. Ahora, demasiado silencio. Los colores destellan y los objetos del paisaje se enardecen.
Mira. Sus ojos tratan de penetrar tanto resplandor. Todavía demasiado para la vista de un pintor, la mañana atrapa por su prepotencia, se dice.
Coloca el atril apenas al costado de la ventana. Ubica el bastidor con la tela en blanco. Desparrama los pomos de colores y controla los pinceles. Nada especial, solo un principio incierto de organización. No más.
Sabe que algo tendrá que aparecer. Eso sí, vuelve el murmullo del motor del avión que se acerca. Pasa por arriba de su casa y se va perdiendo.
Saca el caballo del cobertizo. Lo acaricia varias veces y le otorga libertad para pastorear. Algunos pájaros se acercan a picotear alrededor. Esto ya es una escena. Pero, cómo sacarla de la trivialidad. Dónde estará el jugo de esa composición. Todavía hay demasiada luz rasante, o poca idea. Ya se verá.
Vuelve a la casa. Cambia de posición el atril unos centímetros, como para ganar tiempo. Mira por la ventana: nada. Sí, hay de todo, pero nada. Ahora el sol está más arriba y el horizonte recupera nitidez.
Entonces, ve primero como un lomo sobre el horizonte, luego, una columna blanquecina, apenas oblicua que fuga hacia arriba. Eso sí es una línea de fuerza.
El avión, naranja furioso, vuelve a pasar sobre la casa. Rumbea hacia esa desprolijidad del horizonte. Es evidente, algo pasa.
Ya no duda: hay quemazón. Siente vibrar el cuerpo. So-pesa la dirección del viento y se aquieta. Algo apareció.
Se acerca más a la ventana. Otea cómo solo lo hacen los mamíferos, estirando cuello y cabeza hacia delante.
Piensa la situación. Unos segundos. Mira la tela, el atril, los colores en sus pomos y decide. Casi corre cuando va a buscar los elementos para ensillar el caballo.
Esto no es un juego pero vale la pena, se alienta. El avión vuelve. En el horizonte el animal blanco va creciendo. Un gigante que se levanta.

Ya amarró el atril al costado del caballo, ya cargó las alforjas con los pomos y los pinceles, ya ató la tela sobre el anca. Talonea el flete y se va hacia la quemazón.
Yendo al galope tarda bastante. El animal ahora es bestia blanca y serpientes grisadas.
Precavido, se acerca lo suficiente, solo para apreciar.
Tamaño día de esplendor solar soba los colores que disfuman como no queriendo mostrar toda la verdad. Por ahora el fuego se guarda parte de su desproporción. Igual tira líneas a mano alzada, agitado, nervioso. Trata de capturar a la bestia que miente, que no larga esencia, pero amenaza, promete.
De pronto el humo gira y se le viene encima. Atosigado, minúsculo, se siente echado, castigado. Falta oxígeno y el caballo recula. Ya sabe que está demás allí. El caballo ya giró y rumbea hacia su seguridad. Él lo deja hacer. Galopan largo y tendido. Llegan sin aliento y el olor de la quemazón incrustado en la garganta. El caballo se lanza al bebedero. El hacia la casa.
Se sienta ante la ventana todavía exaltado. Trata de aquietarse de buscar algún orden. Abre la canilla y se moja la cabeza. Tose y se restriega los ojos. Vuelve a la ventana. Su brújula interior lo obliga allí. La bestia sigue creciendo.
La desmesura se apropió del horizonte, cuándo una línea larga y fina de llamas se da a conocer como un tajo soberbio horizontal. Todo su universo fuga hacia ese lugar.
Pinta sobre la tela bocetada. Pinta sin mirar más por la ventana, sin reconocer lo alrededor. El fuego ahora brota de adentro. Solo él y la tela. Pinta...

II

Lo sorprende la tarde. Por fin, cuando anochece, se dirige a la ventana.
Todo cambio. No hay horizonte. Solo la bestia que decidió mostrarse voraz en naranjas y rojos, y una negrura infinita ocupando todo lo demás.
Se deslumbra, se paraliza. No se puede mover de allí, conmovido, apichonado. No hay miedo, sí hay reconocimiento del poder de fuego de la imagen desatada, inabarcable, insondable en su preciosismo caótico y feroz.
Pero, esa fuerza obliga, azuza, talonea hasta la acción.
Saca del atril la tela anterior y coloca otra en blanco. Vuelve a pintar. Pinta, no tiene cansancio. Solo pinta. Mientras la noche opera en la realidad.

III

Ya es mediodía y abre los ojos. Da un salto y va hacia la ventana. Cielo limpio. Horizonte nítido. Sol a plomo. No hay vestigios de humo ni de llamas. No hay olor a quema.
Sobresaltado mira hacia el atril: allí está la tela que pintó a la noche. A un costado, sobre una silla, la que pintó por la mañana anterior.
Presiente y se va a ensillar el flete. Parte hacia donde vio el incendio. Al galope recorre el camino que hizo el día anterior.
Advierte el cansancio del caballo. Mide y calcula distancias. Observa todo el cuadrante alrededor varias veces. Un escalofrío le sacude el cuerpo. No hay vestigios del incendio.


                           

  


Julio César Azzimonti 







2 comentarios:

  1. yo estoy aquí
    Porque se me canta soy negro libertario
    y cantor
    Porque se me canta
    inundo mis cuerdas de vino
    pero compadre mamado jamás
    mi vino se termina cuando
    mi madre
    me mira desde el adiós

    Digamos
    que es guapo hasta el olvido
    de su cuerpo ensombrecido....Gracias Julio !

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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