Tengo poquísimas certezas. De ellas, una palpita entre mis manos en el manuscrito de "Lágrimas prestadas...y de las otras". Elsa Patricio, la autora, es POETA.
No me gusta llamarla poetisa por más que esté de moda diferenciar por género los cargos, los oficios y las profesiones. Es Poeta y de verdad. Y no lo digo yo, quien, como el Francisco Real de Borges, "no soy naides". Lo demuestra su obra.
Es bien sabido que la poesía no es sólo una acumulación de versos, o la habilidad con la métrica o la rima. Tampoco alcanza el manejo de la retórica poética; mejor dicho, todo eso es poesía desde la técnica, pero, el reconocimiento de lo poético guarda en su entraña, una cuestión de esencia. Y en esa zona intangible, en la capacidad de mirar la vida de soslayo para enriquecer la realidad, es donde, precisamente, reside el talento de Elsa y de su obra.
Es vivir, en palabras de Diego Meret, "en estado de poesía", o dicho de otro modo, poseer la virtud de ver más allá de lo aparente. Sentir sobre los sentidos y sufrir y gozar, impúdicamente, mientras el mundo se viene abajo.
Pero, estimado lector, si estas torpes palabras mías fueran poca presentación, los invito a abrir el libro azar, dejarse seducir por algún poema y evocar, emocionarse o llorar como un cretino, porque vale la pena. Vale la pena de verdad.
@Frecuenxial es un proyecto solista de Seba Atomo Laberinto cósmico 🔔mono estéreo LR💎Ciclos de música en vivo. Poesía. Producciones audiovisuales en las redes.
"En fin, a lo que iba es que la inteligencia carga con pasado, con muchos errores y golpes contra la pared. De no ser así no sería inteligencia. En pocas palabras, la intelectualidad no camina por la calle, va por la vereda. Ahí está la diferencia"
Carlos David Rodriguez en Entrevista de Literariasriodelareconquista.
*Texto del autor "CON CARA DE ESTÚPIDO"
*Biografía.
*Contacto y enlaces a su obra. Fotos
Entrevista de Literariasriodelareconquista a Carlos David Rodriguez
1. ¿La literatura en tu vida Carlos o vos en la de ella?
Yo en la de ella, pidiendo permiso y con el mayor de los respetos. De muy chico me interesé por las historias, como más me gusta decirles. No suelo hablar de cuentos, porque a veces no tienen base ni final, simplemente son imágenes que transmiten y ahí es donde está todo, en el mensaje, en el "como", en el detalle que distingue la palabra justa de la palabra de más o la falta de labia. El problema es cuando uno capta que realmente la literatura no es solo el compendio de palabras en forma de puñales o rosas, sino que es más que eso. Hablo de darse cuenta que uno al menos es un poquito más sensible que el resto. En ese pequeño detalle, donde uno puede escuchar, observar, comprender y contar, se encuentra la verdad. Y la verdad no tiene que ver con la realidad, no para mí. Es el fondo de las cuestiones, los "por qué". La vida no es respirar, es vivir, y eso ya dice demasiado. Las letras hicieron la historia y todos nadamos allí, en mayor o menor medida.
2. Tu primer texto literario, ¿quién te dijo que era literatura?
Yo mismo, supongo. No puedo decir una edad, porque no recuerdo, pero sé que estaba en los primeros años de primaria cuando escribía historias de zombis, con dibujos y todo, ja. Siempre me gustó el terror y, sin embargo, de grande nunca escribí nada al respecto. Siempre me gustó escribir. Al estudiar periodismo me acomodé, por decirlo de alguna manera. Vivía escribiendo en el tren, durante el trayecto de casa al centro, las cosas que veía. De hecho, muchas historias de mi libro (De calle, desamores, delirios y suicidas) salieron de los viajes en tren o de las imágenes que me devolvían las vidrieras de los bares o cafés, cuando veía pasar personas corriendo, caminando, riendo o llorando y trataba de adivinar sus cuestiones.
Volviendo a la pregunta, nadie me dijo que era literatura. Nadie en particular al menos, me di cuenta en las miradas, en los gestos de quien me leía. No siempre pasaba, obvio. Me refiero a producir una sensación, meter el dedo en la llaga sin querer o acariciar un bobo muy acelerado diciendo que "va a estar todo bien" sin decirlo.
3. ¿En tu contexto matriz o familia, había lectura?
Muy poca, pero si había. No podría saber cuál fue el primer libro que llegó a mis manos ni de qué manera. Pero si puedo decir que los que me impactaron de chico, adolescencia, diría o pre-adolescencia, fueron Roberto Arlt y Fiodor Dostoyevski. De esos no había en la casa, nunca nuestra, que alquilaban mis viejos. No sé si había libros tampoco. Y aunque reniego de lo institucional, a veces, por decir, la escuela: educación o aggiornamiento, es una guía, una base imposible de esquivar y está bien que así sea. Antes de despotricar, hay que saber de qué se habla, ¿verdad?
De todas maneras, gracias a mi vieja, que vivía cagándome a pedos para que estudie, ("para ser alguien", como se decía) es que llegué a darme cuenta que me gustaba leer y escribir, que me gustaba inventar. Si fuéramos realmente creados a semejanza de un Dios, eso quiere decir que somos creadores. Pero la tecnología distrae demasiado y quema la imaginación. Nada raro, como lo suele ser, todo tiene doble filo. Ni bien ni mal, esta lo que sirve y lo que no. A su vez, lo que le sirve a fulano, no me tiene porque servir a mí.
4. ¿Lo intelectual o lo inteligente?
Lo inteligente, sin dudas. La inteligencia de verdad, esa que va de la mano de la sensibilidad. La de mirar a los ojos e intuir que dicen, detrás de la mirada (no importa si se adivina). Es saber cuando hablar y cuando cerrar la boca, cuando pedir permiso y cuando servirse lo que es de uno. Puede ir acompañada de intelectualidad, pero sin eso "artesanal" que hace falta, jamás será lo mismo.
Siempre se está aprendiendo, al menos, las clases están ahí y los profesores, uno puede escuchar o hacerse el sota. Duele aprender si, por eso el que más sabe, es el que generalmente menos sonríe, y no es poético. La sonrisa de adentro no es la misma que uno muestra hacía afuera. Hay sonrisas tristes. En fin, a lo que iba es que la inteligencia carga con pasado, con muchos errores y golpes contra la pared. De no ser así no sería inteligencia. En pocas palabras, la intelectualidad no camina por la calle, va por la vereda. Ahí está la diferencia.
5. ¿A los lectores qué importancia les das?
Ellos son los que obligan y no permiten que uno abandone. Son los que te hacen sentir menos solo. Porque cuando uno escribe lo hace en soledad, recién cuando se transmite la obra toma real sentido. Antes no.
Conté hace poco, en Facebook, que terminando mi presentación en la Primera Feria del Libro de San Martín me pasó algo muy emocionante. Una mujer se acercó al lugar y se sentó en un costado, sin despegarme la mirada, escuchando atentamente el cuento que elegí para cerrar: Entre moscas, que es un diálogo donde solo aparece la voz del protagonista, un tipo que va a que le adivinen el futuro y le saquen la angustia, pero no cae en las manos que él había imaginado. La cuestión es que cuando terminé de leer, esta señora se me acercó muy movilizada y me felicitó, casi al borde de las lágrimas. El tipo alto que estaba con ella también se acercó, me dio fuerte la mano y me miró a los ojos diciéndome: "muy bien, vas bien" (eso lo dijo con la mirada). En ese instante, no me di cuenta, pero cuando los vi alejarse, caí en que eran dos personas en situación de calle.
Con cara de estúpido
La pista de baile aguardaba repleta. Yo, sentado contra la pared del lado de los borrachos trataba de interceptarla con la mirada. Ella era la última dama sin caballero. Sin embargo, nunca me acerqué. De hecho, ni siquiera podía levantarme por los nervios que me carcomían la consciencia a medida que pasaban los minutos.
Todos los días la veía llegar, ubicarse en su pupitre y sacar sus útiles con una serenidad capaz de amortiguar cualquier ofensa. Seria y callada esperaba la aparición del maestro de turno, como si nadie estuviese a su alrededor. Actuaba con la soltura de esas personas mayores que saben cómo reaccionar ante la más incómoda situación.
Desde el primer instante en que la vi pude sentir eso de lo que tanto hablan y repiten con la analogía de “mariposas en la panza”. Una satisfactoria sensación de bienestar recorrió mi cuerpo entero como un cosquilleo que, al huir, dejó pintada en mí la cara más estúpida.
Fueron sus dos luminosas iris color piedad las que embaucaron a mi soledad. Sus labios, que cerrados dibujaban la M de mi detestable “mañana le hablaré” y que abiertos delataban su voz de niña adulta y decidida. Fue su redondeada y corta nariz que adornaba la unión de sus mejillas, a simple vista, suaves como la caricia de una madre. Fueron su cabello de ángel, cuyas ondulaciones recortaban sus hombros de mujer, y el aroma a inalcanzable que dejaba al pasar indiferente por mi lado.
La edad del pavo para todos era para mí una auténtica edad de piedra. Inmóvil me quedaba al verla caminar. Esas palabras justas que tan taxativamente había ordenado en mi mente para hilar la oración más perfecta, se desvanecían de inmediato cada vez que me acercaba. El castillo de barajas más alto que podía armar se derrumbaba con la más mínima brisa.
Ella no me veía. No sabía que existía y compartíamos el mismo salón durante cuatro horas diarias. En dos años jamás descubrió el color de mis ojos. En dos años nunca me sonrió. En dos años no me atreví ni a saludarla. Es que, al actuar, todo lo planeado se moría en mi imaginación y entonces me resignaba a esperar la próxima oportunidad.
Así fue que la noche del baile, luego de tomar coraje fui al baño para salir al ruedo y esta vez iba en serio me juraba. No sé cuánto tardé, pero cuando volví para invitarla no la encontré donde mi vista la había dejado. Me quedé parado para ampliar el panorama y poder divisarla. Lamentablemente, siempre sufrí la ventaja de ver lo que otros se pierden. Quedé perplejo. Mi corazón comenzó a gritar y a rebotar enfurecido como un encarcelado que no aguanta la prisión.
Estaba contra una pared, cerca del baño de mujeres. Un chico más grande que ella la había tomado de la cintura y le decía quién sabe qué al oído. Reían y hasta parecían felices. Él llevó una mano debajo de su falda y la comenzó a arrullar mientras, de a poco, la apretaba con fuerza contra el paredón. Ella parecía experimentar cierto dolor, pero sonreía. Nadie parecía estar prestándoles atención, excepto yo.
Quedé aturdido, atónito, destruido. Pero, ¿por qué razón me sentía así?, si ella no era mía. No me pertenecía y ni siquiera sabía de mi existencia. Entonces, ¿qué me ocurría? Salí corriendo a la puerta de salida, cual si hubiera visto lo más horroroso de mi vida. Necesitaba desahogarme de una traición que, por cierto, no era tal. De un engaño imposible de ser. No obstante, me notaba humillado, como el marido que después de celebrar la boda de plata descubre a su amada en la cama de otro hombre.
Qué paradoja. Tan débil y cobarde para decir lo que sentía sin tartamudeos ni ocultamientos. Sin embargo, tan valiente como para atar con fuertes nudos el cable y saltar de la silla sin pensarlo dos veces.
Carlos David Rodriguez.
de su libro De calle, desamores, delirios y suicidas
Carlos David Rodriguez (03/03/1988). Técnico en Comunicación social, escritor y armoniquista. Actual vicepresidente de la S.A.D.E. Filial San Miguel, miembro de EIMA (Escritores Independientes de Malvinas Argentinas) y columnista de la Revista Nuevas Letras. Autor del libro de cuentos "De calle, desamores, delirios y suicidas"
Trabajó en Crítica digital y revistas como RETO o La otra realidad, todas en Capital Federal. También fundó junto a unos colegas la desaparecida revista NUDO Rock y Arte (http://nudorockyarte.blogspot.com/), y ha sido colaborador de la Revista Crepúsculo y del diario Tiempo de Tortuguitas, localidad que lo vio crecer y donde ha conducido dos magazines radiales en FM Country. Al mismo tiempo, fue dueño de un sueño llamado El Terco Bar Rock, lugar de encuentro de bandas y amigos de toda clase. Tiempo después formó un grupo de rock de covers llamado Peores Nada. Al dejar la banda, luego de rodar por bares de la talla de Mitos Argentinos o XLR, se unió a Espíritu Salvaje, donde sigue hasta la actualidad.
Sin embargo, nunca se alejó de la literatura y hoy en día publica en su reciente Instagram (davidrodriguez1988) pequeños textos o poemas que son un pantallazo de una forma de ver la vida.
Perfil Instagram: Escritor, periodista y armonicista. Miembro de SADE San Miguel y del grupo de rock Espíritu Salvaje. Próx: "De calle, desamores, delirios y suicidas"
Petricor / Leandro Solares. - 1a ed. - La Plata : Vuelta a Casa, 2021.
74 p. ; 20 x 14 cm.
ISBN 978-987-8336-92-3
1. Poesía Argentina. I. Título.
CDD A861
Un mundo libro
Me pierdo en un mundo libro,
Salto a los escalones y me mezclo entre versos
para descansar en la poesía.
duermo hasta llegar al sueño agitado,
de una historia hecha novela.
En un bosque sonoro me pierdo,
me sobresaltan los verbos
y me cautivan los sustantivos.
las pulsaciones continúan con puntos en negrita, despierto cuando se da vuelta la página,
y otra vez en otro capítulo de algodón.
Camino por estas líneas encontrando el oasis en las sensaciones vivas.
Quizás llegue el punto final,
quizás antes de que me encuentre el prólogo,
salté de este libro para caer de nuevo en,
tu mirada de cristal.
El pensamiento del solitario
¡Yo odio lavar los platos! No hay un porqué pero así es. Eso no tiene explicación, lo que sí tiene explicación es el perfume de la comida preparándose, navega hacia a mí y me lleva a colocar todos los platos, corro a buscar el pan. Me nace solo, como luego saborear un buen vino…
Pero lavar los platos, no puedo. Yo me lavo, lavo las manos, lavo la vida, con agua clara, con agua viva. Pero los platos no. Yo los lleno, llevo y comparto. Porque el significado es compartir, con amistades o también con la pared… Muchas cosas tienen explicación, desbordan de motivos como cuando la música mueve mi cuerpo. Lavar los platos quizás es solitario, quizás quiere decir que la fiesta terminó, que la reunión finalizó, por eso no me gusta. A mí dame siempre una mesa repleta de música, personas y amor.
Un poco de publicidad literaria: Para los que no me conocen, estos son mis libros publicados. Cinco novelas, dos libros de cuentos, dos libros de reflexiones, un guion cinematográfico y un libro de poesía. Libros terminados y no publicados: cuatro novelas, un libro de reflexiones y tres de poesía. En proceso: varios proyectos simultáneos. Principalmente novelas. En el próximo mes de abril presentaré Historias Desencadenadas y Juicio a Un Tal Fulano. A fin de este año publicaré mi sexta novela, del género policial. Gracias. PD: Proximamente informaré lugar, día y hora de la presentación.
Desde el momento que todo lo que escribo primero lo visualizo, te puedo decir que todos fueron soñados. Soñando despierto por supuesto.
Hay momentos en que siento que todo es motivo de inspiración.
Es como estar con las antenas bien sintonizadas. En ese momento se abre una puerta y lo que llega, las ideas, los pensamientos, las emociones, pareciera que se abalanzan e ingresan en forma compulsiva a mi Ser.
Después de procesarlo por algunos días, como digo siempre, le llega el mensaje a la mano que empiezan a “teclear” en la computadora, y tengo esa sensación de que escriben solas.
Puedo hacer el ejercicio de estar mirando televisión, o escuchando a alguien que me habla y al mismo tiempo, el inconsciente le dicta a las manos para que escriban. Es increíble.
Más allá de que todos los episodios son soñados previamente, me conmueve mucho cuando llego al final de una novela.
Tengo ese cosquilleo de pensar cual será el mejor final. Ahí las ideas me bombardean. Es como si un equipo de colaboradores participara en un torbellino de ideas, y yo las voy escuchando.
Finalmente, pongo en “la procesadora” todas las ideas, y así sale un final único, una sola idea, confiando que esa será la mejor. El final soñado.
2- Juguemos...¿Literatura es una mujer en vidriera con el sostén varón de ser libro?
Siguiendo con los sueños, siempre me pasó que todo aquello que veía y por lo cual sentía una emoción de alegría, de felicidad, sabía que era algo que quería hacer. Decía, yo quiero estar allí.
Con la literatura me pasaba eso, entre otras cosas, no solo con la literatura.
Por eso tengo múltiples profesiones, pero yendo a la literatura, no la del colegio, ni la clásica, sino aquella que leía cuando era socio del círculo de lectores, de autores no tan conocidos, yo los leía y me preguntaba cómo podía hacer yo para escribir una historia así.
La literatura, las novelas, los cuentos, la poesía, los veía como vos decís, como a una mujer en una vidriera, con el sostén, o la veía de la mano de otro y me preguntaba cuando iba a tener yo esa suerte de tener una mujer así.
Y yo, en mi vida, estaba con mi libro vacío, por lo menos en ese aspecto.
Mi vida se completaba con otras cosas, otras experiencias, pero el libro que decía “Literatura”, estaba vacío, lo tenía que llenar.
Tenía que seducir a esa mujer para que quisiera estar dentro de mi libro, para que se sintiera mimada, protegida, amada, acariciada.
Nunca escribí para llenar páginas y solo para decir que escribí algo. Es como tener sexo sin amor.
Tengo libros extensos, de más de 300 páginas y otros más cortos. Pero eso solo refleja la intensidad de mi relación con la literatura y los momentos diferentes en que estoy contando mis historias.
Siento que cuando llega el momento de escribir, esa mujer sale del escaparate, y se deja llevar.
La emoción que yo siento cuando estoy llenando mi libro con todos esos detalles tan cuidados, con una profunda emoción en cada paso que doy, con el respeto que tengo por esa mujer, llamada Literatura, que se siente tan feliz de estar en mi libro, de estar conmigo como varón, y encuentro esa coincidencia, la de mi felicidad con la de ella, siento que pasé esa línea que me separaba de aquello que veía cuando era niño.
Siento que mis libros y la Literatura son Uno. Como somos todos Uno con el universo. La literatura y mis libros son Uno. Y yo Uno con ellos. El Uno no es ni más ni menos que el Alma para los siete principios de Dios.
3- ¿Qué importancia resuena cuando publicás, referida al lector?
Empecé a escribir mis primeros cuentos cuando tenía 16 años.
En ese momento escribía para mí y no imaginaba que iba a publicar un libro alguna vez en mi vida.
Hoy y desde hace muchos años (desde que tenía 48), siento que el lector, aunque sea alguien desconocido, es mi amigo y yo soy su amigo.
Como los escritores que yo leo, que los considero parte de mi familia. Siento que la relación que hay con los lectores, es de esa intensidad.
Cuando estoy terminando de escribir un libro, automáticamente me transporto al momento de la presentación futura, mi presentación personal. También me veo en la feria del libro, en la que participo como expositor desde el año 2011.
Tengo un gran respeto y cariño por los lectores. Me gusta cuando me preguntan si ya tengo otro libro escrito, o cuándo voy a publicar el próximo.
Además, en cada presentación que hago, yo les anticipo algo de información de mis próximos pasos literarios y siempre, en el video final, con el resumen de mi trayectoria, tengo una pantalla que dice “próximos lanzamientos”.
La gente que está presente, muchos quedan enganchados con esa información.
En síntesis, muy contento con mi relación con los lectores.
4 - ¿La sorpresa como 1er lector de tus obras?
En estos tiempos me siento más sorprendido que nunca y te digo por qué.
Desde que publiqué mi primer libro, en 2011 (escrito en 2007), siempre tuve dos o más libros escritos sin publicar.
Por eso, tratando de publicarlos en forma cronológica, cuando le llegó el turno de publicación a esos libros, por ejemplo Retrospectiva, mi tercera novela, estaba escrita dos años antes.
En el momento de publicarla, cuando empecé a corregir y releer, había tomado distancia de eso que había escrito hacía dos años y tenía esa sensación de que lo había escrito otra persona.
En la actualidad, estoy corrigiendo una novela policial que escribí en a fines de 2019 y principios de 2020. Dos años y medio después. Eso me da esa oportunidad de sorprenderme, de la misma forma que sorprendo al lector.
Soy un lector más, asombrado de esa ingeniería literaria que utilicé para dar pistas falsas, indicios de cosas que después no son, crear sospechosos, finales que parecen cantados que después no son así.
Soy un lector más de todo eso y me pregunto de donde salieron esas historias, cómo fue ese proceso mágico para combinar estas palabras y que obtenga ese resultado maravilloso.
Esa es mi visión como lector de mis obras.
Y mirá que hace algunos años, cuando tenía publicado los cinco primeros libros, me animé a releerlos, y si bien me dije, “esto lo hubiera cambiado, esto otro era mejor así o asa”, también dije, “guau, me gustan”.
Y ahí es donde me siento con más ganas de escribir.
En este momento tengo adelantados, seis libros, ya terminados, por lo que el proceso que te dije, seguramente va a ser más largo que dos años. Veremos cómo sigue esta historia.
Antes de fin de año voy a publicar mi sexta novela y décimo segundo libro.
Todos esos libros que te cuento están guardados, terminados y sin publicar.
Solo tienen que ser re leídos y corregidos. Tengo tres novelas, un libro de relatos y experiencias personales, tres libros de poesía y un libro de cuentos en proceso, que por la extensión que tiene cada cuento, y por la cantidad que tengo planeado escribir, me animo a adelantar que van a ser dos libros.
Así que tengo para rato.
5 - Ayudás a otros en el marco literario, afirmación dado tu mapa de difundir y entrevistar a otros...
He ayudado a otros en muchos aspectos. Como entrevistador, tuve un portal digital durante seis años. Se llamaba La Lupa Cultural, y en ese tiempo entrevisté a mucha gente. Algunas de las entrevistas son las que viste en esa sección de mi blog.
La experiencia fue muy buena. Tuve resultados de todo tipo.
Desde el que me agradece cada vez que me ve, después de tantos años, hasta el que me ha ignorado por completo, asumiendo que como entrevistado es el protagonista y no puede salir de ese rol.
Creo que lo interesante, en este caso es estar un poco de cada lado.
Mañana, en mi condición de periodista, te puedo entrevistar a vos, y tengo que lograr que tu estrella brille aún más. Yo me bajo del lugar que vos me das, y ocupo otro rol.
Es un desafío que hay que tratar de lograr. Pienso que ahí está la grandeza del ser humano.
Nos es ni más ni menos que recibir y dar, no importa cuál es el orden. Hoy por ti, mañana por mí. Así de simple.
Otra de mis experiencias, ayudando, fue hacer participar en mis proyectos a otras personas, que después tomaron esas ideas como propias, y exclusivas de ellos, sin tener conocimientos del tema. jaja.
Bueno eso no terminó del todo bien. Me di cuenta en ese momento, que no en todos los casos se puede ser tan dadivoso.
He editado con La Lupa Ediciones para otros autores, pero ya no lo hago. Tengo mucho trabajo con mis otras profesiones y mis conocimientos para editar y publicar los utilizo para mis libros.
Esa experiencia publicando para otros no fue del todo buena.
Hoy, utilizo mi canal de YouTube para difundir todo lo que hago.
Es algo integral donde puedo hablar de Coaching, de Metafísica, Aikido, Descodificación Biológica, de mis libros, de mis presentaciones.
Y cada tema tiene una reflexión, un pensamiento, para mí un aprendizaje, que depende como lo tome el que está escuchando, puede serlo también para él.
Pero nunca lo planteo como “maestro ciruela”. Solo transmito mi experiencia.
En cierta forma, mi canal de YouTube reemplazó a lo que fue en algún momento mi portal digital.
Lo que no estoy haciendo en este momento son entrevistas.
Quizá algún día vuelva. Por ahí sos la primera en este posible regreso, Jaja.
6- Cómo incide en tu vida UNO , tu abanico de multi hacer o Poética de vida y debida.
Todo ese abanico, se relaciona, como si fuera un panal de abejas. Como si una gran red neuronal donde cada célula se comunica con la otra.
Todos los “haceres”, se relacionan en forma armónica con los otros.
En este caso, también todos son Uno.
Termino teniendo un estilo único y personal, como es mi forma de escribir, que no se parece a la de nadie en particular.
Cada disciplina tiene una visión poética de la vida, que consiste en ver cada momento como único e irrepetible.
7- ¿Es importante que lean tus obras? ¿Te moviliza la entidad objeto libro en otros mundos, cada lector, cada uno es un mundo?
La importancia de que me lean está en el valor que el lector le da a lo que siente y piensa. Si logro movilizarlo y que descubra en mis escritos algo nuevo, algo que lo haga ver desde otra perspectiva, es importante.
Si no le gusta lo que escribo, también estoy haciendo mi aporte, ya que lo ayudo a descubrir que es lo que no le gusta y con qué cosa no se siente identificado.
Por otra parte, que alguien que en principio no conozco, se acerque a mí por mis libros y que un tiempo después regrese para pedirme otro libro, es importante para. Significa que estoy haciendo las cosas bien. Que mi obra tiene valor, no solo para mí sino para alguien más.