24 febrero 2016

Norma Graciela Sánchez

Nací el 31 de mayo de 1979, lo que me convierte en un personaje de otro siglo. 
Parida en José C. Paz, nunca me fui.
Soy docente de nivel primario. Escritora por urgencia. Aprendiz de lo que me ofrezca la vida.
Planté varias plantas, tengo tres hijos, un amor y varios libros deseosos de ver la luz.

DE MI RAZA

   Sólo le ofreció su sonrisa desdentada y él, como perro fiel, se acurrucó a su espalda. Un crío revoloteaba a unos metros de la cama y ella dejó que esa mano la tocara.
   ¿Cuántas veces más? ¿No ves acaso que tu cuerpo es una tumba donde murieron todos los amores? Los más soñados, los más remotos. Como pájaros fueron volando entre tus piernas hasta secarte el llanto del vientre. ¿Cuántas veces más?
   Afuera el gato lame su bigote humedecido. Un pajarito cayó en sus garras y el viento despide sus plumas, como a la hoja mamarrachenta de aquel árbol donde una voz te susurró el primer sueño. Y le creíste.
   Adentro algo festeja lamiendo tu mugre y por un rato es feliz. Adentro algo grita entre bostezos que ya es tarde. Que ya no quedan ni las ganas de mirarse y por error en un espejo la   mañana te colorea los ojos. Esos ojos de loba. De loba asustada. Asustada y herida.
   ¿Cuántas veces más? El viento juega a la soga mientras vos tendés su ropa y el más chico te mira con callado reproche. Pero da la vuelta.
   El viento juega a perseguirte los cabellos. Repica tu corazón y las manos se te hacen humo de ramita ardiendo para guiso bajo el agitado parpadeo de tus labios.
   ¿Dónde se esconde tu nombre? ¿Dónde habita con resignada calma de mujer perdida entre la vida y la muerte, mi piedad y mi furia? Quizás entre los músculos tensos o en la gigantesca cicatriz de tu raza, la que ahora huye correteando tras las voces de la siesta como un niño traicionado por el sueño. Por el cansancio del sueño.
Hoy un nuevo rubor escandaliza tus labios. Te han llamado "dulce" y esa simple palabra robó tu corazón hambriento. De antemano las lágrimas te recorren porque saben que otra vez tu disfraz de caperucita te engañó.
   Él juega con sus dedos finos al delicado murmullo de tus cabellos y un beso te eleva. Te lleva al lugar donde eres libre del mundo. De tu pobre mundo de loba triste.
   La canción de la espera pinta de sobresalto los días, hasta cumplir la promesa del "te vuelvo a ver". Tu corazón no miente, pero en esta adolescencia tardía jugás a las escondidas y sólo él se divierte.  Empeñás tus sentimientos por una paga de jadeos y ahora un bulto en tu cintura te deja otra vez sola con la vida.
   Y es una sensación tan extraña. Como sentir una lluvia de verano por dentro, el aroma a tierra mojada. Como el cielo cubierto de estrellas en ese campo desierto. Como esa mirada tan oscura que te alumbra.
   Ahora tus manos acarician la piel del futuro no esperado que bajo la lumbre de nueve meses moldeará una lágrima. Quizás una sonrisa. Quizás una esperanza. Quizás remordimiento.
   Ahí estás y ya no esperás a tu caballero. El diamante convexo de tu vientre alejó hasta la brisa. Porque esta tarde, porque esta noche es un capullo débil y herido. Herido de sueños, de sueños dormidos.
   La marmita repica tu repetido caldo de gallina y por un rato sos feliz junto a lo tuyo. Ese grupo de caritas tan parecidas a vos, tan inmensas en su interior que te colman de ausencia y casi como un acto de ceremonia besas uno por uno y te retirás al patio como satisfecha.
   El viejo árbol te anida. Surca con sus raíces un lecho donde descansar tu espalda. Tu corazón late más que nunca. Sabés que hoy es el día. Le comentás a la gramilla descolorida que si es niña la llamarás María, mientras comienza tu parto. Su alma pura abandona tu carne. Es una semilla de amor y sueño. Una promesa de vida. Una lealtad a la muerte.
   Está en tus brazos y su cuerpito es tan tibio que te estremece. Tan suave que te asusta. Que te asusta marcharte de su llanto urgente reclamando tu savia. Pero esta vez los ángeles no te guardan más que un rincón de agonía. Y me dejás sola en este mundo cuando tus ojos se cristalizan.
    Esos ojos de loba. De loba asustada. Asustada y herida.


A ESCONDIDAS

Una excesiva calma
de mudez y desafío.
Íntima,
           táctil,
                    primitiva.
Como si la misma ola
borrase el mar
y una nube tragara el cielo.
Estoy secándome de silencio.
Perdiendo vuelo
en la gigantez de la palabra.
Como pierde la noche sus luces
en la misma luz.
Como tu cuerpo
en la oscuridad.

20 enero 2016

Mercedes Hidden



Mercedes Hidden

Nació un 20 de noviembre de 1981 y es oriunda de San Miguel, tiene 34 años.

Es profesora de Historia, le interesa el arte, el cine y lo más importante

le gusta escribir poesías. Hasta el momento lleva editado varios fanzines literarios.




Prendo la hornalla.

Pongo la pava .

Pongo la yerba en el mate

(es todo un arte esto de matear ).

El viento amenaza con aplacar

un poco el calor de Enero .

El agua se calienta en la pava

vieja, las paredes de cocina tienen

grietas de humedad impregnadas,

son cosas del tiempo o del descuido

o de la economía que te dejan sin plata.

Vuelco el agua hirviendo dentro del termo

Y lo llevo a la mesa del comedor.

Mezclo la yerba (la común con una

de esas que son un popurrí de hierbas).

Tomo un mate, me quemo la lengua

y mando a mi pobre tía, madre, amiga

a la loma del culito o allá donde no sale

el Sol .

Mientras sorbo la yerba convertida en

infusión, escribo, me escribo a mí misma

y de paso puteo al servicio de internet

que no anda, que esta tarde no me dejara

hablar con mi hermana y con mi sobrino

que viven en Chile, compañía Culia tenia

que ser.

Miro al alrededor y todos se han ido

hasta la Rosy, la perrita de mi hermana

que ya es más nuestra que de ella.

Me invade la melancolía y pienso

y pienso... dirijo mi vista hacia la mesa

alguien ha quedado firme como rulo de estatua;

el termo y el mate.

los tappers usados de yerbera, el silencio...como aquellos

tiempos de miseria y yerba secada al Sol... como aquellos

tiempos y el mate, la yerba, la pava.




Un cuerpo

huesos

carne

una boca

y una nariz .




Un cuerpo

Una caja

que guarda

secretos,

vísceras,

ríos rojos

y

deseos olvidados.




Un cuerpo

autómata

con un corazón pintado,

que funciona a cuerdas,

que se despierta casi siempre

por las mañanas

y

que llora su condición de tal

por las noches.




Vírgenes escamadas, azules, de pies descalzos y hormonas de perfume.

Sus manos llenas de flores y ajuares de dulce, de Verano, caminan danzando

entre el aire, coronas de flores y espinas adornan sus cabezas el juego

consiste en moverse sin sangrar… rotan, caen y se vuelven a levantar.

Vírgenes heladas en páramos, en desiertos, cuerpos insípidos , piel transparente

conforman círculos que vierten fecundidad escondida.

Vientres flacos, lugares comunes, hímenes claros ,obtusos y cristalinos brillan como

espejos a la luz del eterno Sol.

23 diciembre 2015

Jackie Zarate

  


Nací el 11 de julio de 1990
Cierre de telón
 encerrada en el teatro de la vida,
donde convierto físicamente en realidad a mis fantasías.


Anatomía en surcos

 Me enamora tu sonrisa
Aún sin conocer el sonido de tu risa.
Me desborda y paraliza
la coordinación tan natural de tus labios y tu mirada,
con los mismos gestos genéticos que tú sordera mental,
dando aviso a que sos especialista en enemascardiovasculares.
Tus piropos, luego que te destaques en tu vocación de sepulturero vaginal,
son tan gratos como el sonido de la tiza nueva en el pizarrón,
que hacen rechinar mis dientes.
Noches enteras, hasta cegarme el amanecer,
sufro de inundación ocular aplastada en prona.
Desde hace días, semanas y meses ejercito y hago la dieta del olvido.

 Glosario
 Sordera mental: patología que afecta al hemisferio derecho del cerebro e incapacita la conversión de las palabras en sonido. Se cura con xilocaína y una patada en el culo.
Enemacardiovascular: procedimiento de introducir líquidos tóxicos en el corazón.
Sepulturero vaginal: persona que tiene por oficio enterrar un muerto en la vagina.
Inundación ocular aplastada: dícese de ojos llorosos pegados a la almohada.
Prona: posición anatómica donde la persona se halla acostada boca abajo.
Dieta del olvido:
Todo menos olvidarte,
con una ensalada de guarnición
y cada año tomar una copita de sidra con una cucharada de sal a gusto (si es posible de una lágrima)
y festejar que ya no estás.


Sin titulo

Sentimientos hechos de silencio.
El silencio se hizo por los sentimientos.
Los hechos hicieron sentimientos.
Hicieron silencio los sentimientos.
Hechos de silencio están los sentimientos.
Silencio luego de un hecho,
seguido de un sentimiento.
Silencio luego del silencio.


Sin titulo

Mi memoria duerme y al lado se despierta tu recuerdo.
Recuerdo que se alimenta de la incertidumbre por tu regreso.
Memoria que se despierta atontada, sin saber mi nombre.
Mi mente como péndulo que gira por tu eterno soplido, dibuja un hoyuelo en la mesa.
Hoyuelo que sonrisas no forma, a aquella mesa llena de recuerdos y revistas.
Marrones y azucarados círculos manchan el repasador junto al péndulo.
Dos tazas y un café servido, horas de charlas imaginadas.
                                         TAC
                                             TAC
                                                     TAC
                                                                     T…
Y un día dejo de girar.


Ciruja

Ahí va el sucio que no tiene nada
Ahí va el que no se afeita ni se baña
Ahí va el que todos llaman loco
Ahí va el que no tiene un hogar ni una casa
El que habla solo, rodeado siempre de gente, con sus largos años colgando de su mentón. Con la mugre y el cartón de abrigo.

De a ratos se acuerda quien era en su vida anterior, aun cuando los años no le cubrían la cara, aun cuando su vestir era el prestigio y la fama. Donde de manos ajenas recibía apretones y aplausos. Y no como ahora, como al sol que lo quieren tapar con un dedo de la sociedad.
Su mente lo oscureció, se lo comió vivo.
Vivía obediente a su cabeza. No le chistaba ni desobedecía.
Fue apareciendo gente a su alrededor, gente que no existía a la vista de otros.
Sus labios solo se movían, era él la pregunta y la respuesta.

¡Ay Loco que diferente era tu vida cuando eras esclavo!
Caricias
Besos
Juegos
Y amigos

Tu cuerpo esclavo pero tu espíritu vivía libre.
Lograste la inmortalidad junto a una dama que te conquisto y amo noches y días.
Siendo libremente loco te convertiste en mortal.
El maligno enemigo paso tantas veces que ya ni las manos te cabían en los bolsillos.

Todos te miran a vos y a tu casa de cartón.
Lo tuviste todo… todo lo que se puede perder, y así fue.

Hoy solo te preocupa si hay comida,
Si llueve o no.
Y en cada sol de cada día
Tu única compañía al igual que vos
Tan callejero y desolado
Un perro a tu lado.

Cierre de telón
Encerrada en el teatro de la vida,
donde convierto físicamente en realidad
a mis fantasías.

Facebook: Jackie Zarate


Mail: jackie_zarate11@hotmail.com







































  

19 noviembre 2015

Leonardo Ruiz Turko Live


                                             Leonardo Ruiz Turko Live se presenta así:
                                             Nací en la torturada Buenos Aires de 1976.
                                             Actor, performance, músico, autodidacta,
                                             es decir : hacedor cultural.

 1. chimangos.../
veo en el cielo de agresión!/
reposando sobre las estatuas de patriotas muertos!/
chimangos y más chimangos, cayendo de sus nidos/
chimangos desgarrando ratas, para servírselo a sus pichones!/
fisgoneando muerte en la altura/
chimangos aves carrocheras, pero bellas!/
yo las veo de lo dulce de mi visión de humo(...)/
hoy "h2o" y marihuana , luego gelatina + romances tóxicos.../
pero ahora solo miro, a los chimangos reposar , sobre las estatuas de patriotas muertos!/
... ellos le dan algo dantesco y natural?/ 
en este sitio donde se torturó?/
 hoy sólo veo chimangossss!/

2. ella y mi desastre!.../
era el día que ella anunció mi desastre!/ 
me susurraba que no duerma en sueños!/ 
que no deje que el chabón se apodere de todo?/
la verdad es absoluta antes, el abismo!/
cuándo la vida se vuelve una amenaza?/
el tiempo pasa y quizás el dolor desaparece?/ 
tu fuego sexual sagrado cuando algo fluye...!/ 
se aguarda un tiempo de revancha!/ 
por qué no podemos amarnos de una manera normal?/
quizás sea nuestra obsesión?/
si ella anunció su desastre!/
sé que nuestro equipaje es pesado intentémoslo una vez más/
mientras nos devoramos en la ciudad del miedo!
...(ella anunció su desastre)... 

3.La mente musical!.../
y la cofradía de los densos decibeles/
cuando el futuro se agolpa como un tajo nuevo/
hay inseguridades que... son como puntos negros/ 
cargados de interferencias/
"cuando todo se torna volátil"/
mi infierno personal, está representado en mi mente musical!/ 
en el paraíso de las puntadas cerebrales/
como el néctar derramado, en tu mano/ 
te voy a escribir sobre un rockero muerto!/ 
mi mente musical es mi noción cultural...!/
mi mente musical abraza el ruido del camión que pasa en nuestra calle?/
hacia los hijos de putas!./ 
mi mente musical es mi trance y mi kaos!!!!


20 octubre 2015

Hermes O. Mercurio


Se enciende el fuego, para contar la historia
de un rayo divino encerrado,  que nace del vientre.

https://www.facebook.com/norberto.fernandez.923

1- HUAU- UUUUU

Y los huesos que pisan "nuestro planeta" Tierra, comienzan a caminar por el túnel subterráneo del tiempo.
Atravesando el momento
más terrorífico que alguien pueda palpitar en vida,
Nadando en el río de sangre,
Impulsado por el aliento de la sanación,
comprendiendo la muerte y cada miedo, claridad, poder, y vejez
Una y cada vez,
las estrellas no temblarán, y se unirán solas para formar las constelaciones que tus ojos devuelven. La noche nunca fue tal para el gallo.
Las puertas rápidas, hace rato han quedado atrás, el milenio, la nueva era se han encargado ya de acomodarlo.
Moebius (1) así lo anunciaba, y el que tenga sentidos que perciba...
Los seres de esta ceremonia serán abrazados por el Amor
enlazándose, no sólo enredándose en la serpiente,
Junto a Heráclito
formando un número no número.
El camino se iluminará para que el Espíritu comprenda a través de la conciencia no ordinaria, y la ordinaria,
 la Eternidad.
Gracias abuelas y abuelos!
El Tic- tac transmuta a tuc- tuc;
Guiados por la Luz del corazón,
Llave ancestral que no dejó de estar,
en uno mismo se ha de encontrar!

(1) Nota del editor:
Anuncio en estación Borges, dato inverosímil y ambiguo para echar más leña al fuego de ruinas circulares y alimentar la llama de la soñada retórica.


2-Vos tampoco descubriste América!

Basta de superficiales, materiales y pasajeras caricias artísticas.
Es hora de zamarrear al alma,
abrirse paso por entre los matorrales cromáticos.
Adentrarse en el espacio interior
y sus melodías que retumban,
esperando ser pulidas para sacar
las más delicadas y atormentadas
expresiones y manifestaciones fluorescentes de las profundidades...
La disolución del yo, para ponerse en el lugar de tuelellanosotrosnosotrasvosotrasvosotrosellasellos lxs demás.
Llenar la Luna, vaciarla,
 "Flujo y reflujo",
anabolismo, catabolismo...
Y luego volver a armar, y a desarmar, y a armar... En todos los planos y en todos los colores...

…Ocasos aquellos,
Acaso destellos?
Al cruzar barreras, te crees libre, pero creas otras para Mañana. Puentes que se derrumban en silencio, y sin que absolutamente nadie pueda percibirlos.
Estos escritos eran fichas de dominó, que ya se cayeron...
Acaso
aquellos destellos
borran el mazo
con el bello
naipe de cada paso,
en el ocaso de la nada instantánea
qué significa este vivir?
Y a cada milésima morir
y volver a revivir?


3- Caja Pandora

Do, re, mi, fa, sol, la, si, Do!
Y ese día                         llegó,
en que el paisaje verde se tornó,
la música a volar se                     echó
por entre todos los males...
Se enciende el fuego, para contar la historia de un rayo divino encerrado, que nace del vientre
del misterio, electrocutado
cada milímetro de pensamiento estancado.
Del arte enre-dado.
Trueno que a los oídos ha avivado,
existe, y no existe.
Lo manifestado remueve,
llueve, revoluciona lo existente.
Se observa con valor,
en espejos futuros adyacentes,
puro candor, Sin miedo al presente.
Un bello mal, reencarnado
en un relámpago terrenal,
que desde Occidente a lo Oriental
fugaz sacudió lo tradicional,
y lo que a su paso ha encontrado:
zodiaco tropical y sideral.
Oh la esperanza ha escapado!
Cruzando el punto vernal,
Y a la tinaja todas las desgracias
han regresado,
positivo punto equinoccial.
Oh CELULARISMO iluminado,
El nuevo milenio ha comenzado,
y todo principió a brotar.
Constelación, caja, Pan dorado
una señal vital ha iniciado,
la biología extra-intra celular!
                                                        
              Hermes O Mercurio                                                          

                                                    
              


20 septiembre 2015

Florencia Flores

Hace 19 años que colecciono mitos, babas de perros y egosfluídos y que mi nombre verdadero es Florencia Flores

Un pedazo de realidad sublimada,
 una cuarta pared que se rompe en dos
 y que despliega una entrada para más extraños.
Una porción de realidad a velocidad increíble:
a través de las ventanas sólo veo oscuridad
 y un aire subterráneo me despeina.
¿Quiénes son todas estas personas compartiendo
mi pedazo de realidad pasajera?
Un viejo ojos-azules bizcos se
babea mirando la luz del techo,
sonríe como una polilla que va a caer machucada
al piso, contribuyendo a la costra de mugre .
Un fisura en Lavalle con una bolsita,
la misma bolsita de los pibitos-Retiro jalando miseria,
un vago recuerdo del que vende porquerías
 adelante de un conteiner podrido de basura
 para no perder la sensación de estar en casa.
Una gorda con la cara grasosa y brillante
se rasca la cabeza y lleva la misma mano a su boca,
 se manda un piojo, lo mastica suavemente:
proteína pura.
Un zumbido insoportable: el telón está por abrirse,
la realidad se rompe en dos:
Retiro, una voz artificial dice que estamos en Retiro,
quilombo-hormigas-calambre.
Mientras las ventanas se acercan a la luz de la
estación, a la vieja que duerme con su lengua
epiléptica afuera,  yo pienso
en qué estará haciendo el resto del mundo ahora,
 ¿Cuántas dimensiones abarcamos diariamente?
¿Cómo saber que esto es real y terrenal?
¿Esto no es un sueño? ¿La realidad es así de vomitiva?
Un olor a ciudad me golpea la cara,
los flâneurs y la mierda se pasean en Audis,
 entre las luces fugaces, entre los muros de concreto,  
esquivando la miseria.
Las campanadas de una iglesia que ignoro me detienen,
la dimensión se desublima (manos-sudor,
los pies en la calle, vaho-alcantarilla, vómito-noche)
imposible desarticulación de la rutina,
de la realidad de cuatro paredes opresivas o un vagón,
la realidad no soporta el arte poética.

17 agosto 2015

Maximiliano Rau

  Nació en Capital Federal
       Vive en Los Polvorines. Provincia de Buenos Aires


Cartero.



PAQUETES Y BOTELLAS ABANDONADAS

 Jugábamos una noche con mi hermano y mis primas en el living de la casa de mi abuela. La superficie del suelo de parquet era ideal para que la pelotita rebotara y no saliera impulsada para cualquier lado, pero era inevitable que casi siempre terminara pegando contra las paredes y las ventanas, yendo y viniendo sobre los muebles y estantes, poniendo en peligro los cuadros y adornos. Los gritos de mi abuela llegaban desde el comedor o la cocina y suspendíamos el juego, permaneciendo sentados unos minutos en silencio, separados, a veces mirando con encono a tal o cual porque había hecho caer el mate, recuerdo de Santiago del Estero, que estaba en la biblioteca. Pero, parándonos de a poco y rebotando la pelotita despacio contra el suelo, no pasaba mucho tiempo antes de estar a los gritos de nuevo.

—¿Se puede tomar esto?— pregunta Hugo, estirando el brazo.
—No sé, loco; hace una banda que está ahí.

Pero la mano de Hugo también ya está ahí y, como para no desaprovechar el movimiento, agarra la botella y se la lleva a la boca.

Cascarita piensa que, por lo menos, no es peor que tomar de una botella de plástico, encontrada en una bolsa de basura en la calle, usada como jarra para mesclar el vino con coca; o a cuando Egui agarraba cualquier tetrabrik o botella abandonada a medio vaciar en la calle y tomaba sin problemas. Cascarita también tomó una vez de esas botellas siniestras; era imperdonable dejar medio cussenier de chocolate tirado ahí. Aunque, incluso esa vez, el primero en probar el contenido fue Egui.

Las cosas abandonadas son toda una historia. Siempre hay alguien que dice en broma cada vez que otro levanta algo de la calle:


—¡No, boludo! A ver si tiene droga…cuando se sabe que es imposible que a alguien se le ocurra dejar la droga tirada por ahí en alguna botella o cigarrillo en la vereda. Y si así fuera, muchos estarían agradecidos.

Aunque una vez, sólo una vez, pasó. Cascarita, a los catorce años, todavía no tenía vicios. Una noche se fue temprano de un cumpleaños de quince con Ismael para deambular, por primera vez de madrugada, por San Miguel, ansiosos de conocer de noche los mismos lugares que siempre habían visto de día. Estaban sentados en la esquina de la heladería Sorrento, cerrada a esa hora. Un grupo de chicas pasó frente a ellos y a una se le calló una caja de cigarrillos.

—Ese paquete está lleno— dijo Ismael.
—No, ¿qué va a estar? Seguro lo tiraron.
—Boludo, te digo que vi cuando se les cayó. Aparte, sonó como a lleno.

Disimulando, caminaron hasta ahí. Ismael lo pateó hacia un costado y lo levantó. Estaba lleno hasta más de la mitad. Sacudió la caja de marlboro para contar bien los cigarrillos y notó que había algo más. Lo sacó tomándolo con los dedos: era un porro. Se miraron entre ellos.

Fueron a sentarse a los bancos de cemento que hacía poco habían puesto tras la galería Trillini, donde pasaban menos autos. Ismael tenía el porro en la mano y lo miraba. Cascarita, aunque a esa hora no pasaba nadie, miraba todo el tiempo a derecha e izquierda en la calle silenciosa.

—¿Lo prendemos?

 —No sé, che— dudaba Cascarita—. ¿Y si viene la policía? Mejor lo tiramos, ¿no?

Ismael asintió apenas. Después de que lo olieron los dos y sosteniéndolo entre los dedos para mirarlo una última vez, Cascarita lo tiró hacia atrás.

Caminaron hasta la esquina y se miraron.

—¿Vamos a ver dónde cayó?—propuso el Ismael
—Dale.

Volvieron. Estaba en el agua junto al cordón de la vereda, empapado y casi desecho. Se terminó de desarmar entre los dedos de Ismael.

Ahora, muchos años después de este milagro, Hugo toma dos tragos de la botella verde y abandonada en el comedor de la casa de Cascarita. Tragando apenas, pone cara de asco.

—No da ni ahí esto— dice, dejando la botella donde estaba.





SER TODO

El encendedor verde vuela por el aire y cae atrás de la cama, produciendo una especie de melodía al golpear varias veces contra esta y la pared de madera. No lo vuelvo a ver y, por más que revise y lo busque, SÉ nunca lo voy a volver a hacer.

Cuando era chico tenía una bolita de goma transparente, llena de vetas de colores en el interior. Jamás había visto una pelotita que rebotara tanto; era imposible controlarla.

Jugábamos una noche con mi hermano y mis primas en el living de la casa de mi abuela. La superficie del suelo de parquet era ideal para que la pelotita rebotara y no saliera impulsada para cualquier lado, pero era inevitable que casi siempre terminara pegando contra las paredes y las ventanas, yendo y viniendo sobre los muebles y estantes, poniendo en peligro los cuadros y adornos. Los gritos de mi abuela llegaban desde el comedor o la cocina y suspendíamos el juego, permaneciendo sentados unos minutos en silencio, separados, a veces mirando con encono a tal o cual porque había hecho caer el mate, recuerdo de Santiago del Estero, que estaba en la biblioteca. Pero, parándonos de a poco y rebotando la pelotita despacio contra el suelo, no pasaba mucho tiempo antes de estar a los gritos de nuevo.

 La pelotita pegó en la pantalla de la lámpara y cayó al suelo, rodando bajo el sillón. Manuel logró alcanzarla antes que yo.

 —Ahora me toca a mí— dijo, mostrando la pelotita en un puño.

Iva y yo nos quejamos de que la abuela siempre nos retaba después de que tiraba él, porque era muy chiquito y no la sabía usar bien. Apenas nos vio acercándonos a él, levantó la mano y tiró la pelotita sin mirar a dónde. Rebotó muy fuerte en el suelo entre él y nosotros, fue a dar contra a la pared y, en una curva lenta, llegó hasta encima del aparador. Rebotó unas cuantas veces más ahí arriba, entre los adornos de vidrio y cerámica, produciendo unos sonidos muy definidos, como una melodía. Después no se escuchó más nada.

 —¡¿Viste, Manuel?! ¡¿Qué te dije?!— le grité mientras arrastraba el sillón hasta el aparador y me subía para buscar sobre él.

 Pero no estaba entre las raras botellas de vino y el frasco grandote, con forma de Papa Noel. Bajé del sillón y buscamos bajo el mueble, incluso me fijé entre este y la pared, y solo encontramos pelusa, tela de araña, un autito y dos bolitas Norte. Revolvimos todo el living, bajo los sillones y la biblioteca, pero nunca encontramos la pelotita. Manuel se fue llorando al comedor, y Estefa lo siguió porque ya estaba aburrida. Con Iva nos quedamos buscando un rato más, en vano.

Esa noche, mientras intentaba dormirme y mi bisabuela, en la cama de al lado, nunca terminaba de rezar, todavía continuaba pensando en la pelotita. Si habíamos buscado en todos lados, si por los últimos rebotes que escuchamos no podría haber ido más lejos que sobre el aparador o tras él, ¿cómo puede haber desaparecido? Y esos últimos rebotes sobre el mueble, ¿no sonaron como una especie de musiquita?

Cuando quise hablarle a Iva sobre esto, me contestó que no la joda, que le daba miedo; la pelotita seguro debe de estar por ahí. No volvimos a jugar hasta que se fue a su casa después de cenar.

 Ahora, mi bisabuela continuaba rezando, murmurando apenas las oraciones en ucraniano, alzando cada tanto los brazos y los ojos hacia el techo; luego los recogía sobre el pecho, se persignaba varias veces, y volvía a comenzar. Para mí, que no entendía el idioma, no eran más que cánticos sin sentido, o alguna fórmula mágica para comunicarse con otro lugar. El lugar al que van los muertos, pensaba yo al mirarla besar varias veces la foto de mi bisabuelo en la mesa de luz cada vez que terminaba con sus ritos nocturnos. Quizás, continuaba pensando yo, fue algo parecido lo que pasó con la pelotita; esos golpes que hizo antes de desaparecer podrían ser una especie de llave mágica para ir a otro lado, como el lugar que mi bisabuela quería alcanzar con sus rezos sin sentido.

Al otro día, y durante muchos días más, traté de reproducir la melodía en el tecladito que me había ganado en la quermés de la escuela, pero fue inútil el esfuerzo; ni siquiera lograba tararearla, por más simple que sonara en el recuerdo, tan obvia... De no haber sido por la negación de mi prima a volver a hablar de eso, quizás entre los dos hubiéramos logrado recordar y ejecutar las notas que, yo estaba seguro, nos hubieran permitido pasar al otro lado y ver. Ver era lo que yo más quería. Asomarme a todo eso que no se podía ver pero yo intuía cerca, pero escondido como un secreto tan importante que no podía dejar de estar ahí, no podía dejar de ser todo.  



Cartero.
     
                 







  

              
                                            Relato y fotos: Maximiliano Rau                                         


   
                                                           Relato y fotos : Maximiliano Rau

Legado cultural. Julio César Azzimonti 08-08-2026

  08 de agosto 2026 Al cumplirse dos años del fallecimiento del entrañable escritor, escultor y docente Julio César Azzimonti, se comparte y...